sábado, 4 de mayo de 2019

JOSÉ ITURBI: de Valencia a Hollywood

PIANISTA, DIRECTOR Y FUNDADOR DE ORQUESTAS, organizador, docente, aviador, actor de cine...
Valencia (España), 1895, Los Ángeles (USA), 1980



INTRODUCCIÓN
Cuando se hace referencia a los españoles que trabajaron de manera destacada en Hollywood durante la época de los Grandes Estudios, se suelen considerar más relevantes dos aspectos concretos, aunque sólo en el segundo sea correcto decir que las personas citadas alcanzaron un elevado grado de reconocimiento.

a) Los últimos años del Cine Mudo -entre 1926 y 1929- y los primeros del Cine Sonoro,  entre 1929 y 1936, con el rodaje de las versiones en castellano que se rodaban simultáneamente con las originales en inglés y con las correspondientes en francés, alemán e italiano. La participación española se extendió en la primera época del Sonoro a diversos apartados de la producción cinematográfica, principalmente la literaria, con escritores como Edgar Neville o José Lopez Rubio. Sin embargo, terminada la producción de versiones múltiples, la mayor parte de ellos regresaron a España, quedando dicha etapa como un hecho casi anecdótico dentro del conjunto de sus carreras.

b) Las personas que en los primeros años del Cine Sonoro intervinieron en películas rodadas directamente en inglés gracias a su dominio del idioma. Si en el apartado de las versiones dobladas fueron numerosas las incorporaciones, en el de las versiones originales fueron escasos y con largos intervalos de tiempo entre ellas. María Alba, Antonio Moreno, Conchita Montenegro, José Iturbi, Xavier Cugat y Sara Montiel son los ejemplos más representativos. Trabajaron durante la época de los Grandes Estudios, que se podría situar entre: a) 1918-1924, época previa de formación del sistema; b) 1925-1950, desarrollo y consolidación, con 9 productoras, entre grandes, medianas y pequeñas, y c) 1951-1960, el declive. En este tercer apartado situar el final en 1960 es discutible y hay diferentes opiniones, dado que la decadencia del sistema de estudios se produjo de manera paulatina, a lo largo de dos décadas y con diferente grado de intensidad y rapidez entre unas productoras  y otras. 

La disparidad de las interpretaciones tiene su explicación en las diferentes causas que la provocaron: 
a) el crecimiento imparable de la televisión en todos los países, aunque se produjera de forma paulatina, según las posibilidades técnicas y económicas de cada país; b) la prohibición de que las productoras tuviesen circuitos de exhibición propios, obligando a su venta; c) el fallecimiento de algunos jefes de estudio, o su substitución por otros; d) el fin de los contratos de larga duración (siete años) para los intérpretes; e) la decisión de algunas estrellas de no renovar sus contratos y producir sus propias películas y, como ocurrió al término de la primera Gran Guerra, la profunda transformación que se produjo en la Sociedad tras el fin de la SGM.
 
ESPAÑOLES EN HOLLYWOOD (cine sonoro): 1929-1956 
No es frecuente encontrar a José Iturbi y Xavier Cugat, en artículos o reportajes dedicados a recordar el paso de artistas españoles por Hollywood -fuese en el campo de la interpretación o en otros-,  como si fuera algo anecdótico, a pesar de que durante la década de los 40s intervinieron en numerosas películas. Da la impresión de que sólo sea destacable la participación de Conchita Montenegro o de Sara Montiel, dejando de lado incluso a María Alba, sin duda la de mayor mérito si se valora como empezó y lo que consiguió: era mecanógrafa, sin experiencia como actriz y se presentó -y ganó- a una prueba de nuevos valores convocada por Fox Film Corporation en Barcelona. Por otra parte, los Musicales de esos años sólo se valoran cuando lo protagonizan las grandes estrellas del baile o de la canción, que parecen ser el único aliciente, dada la levedad de los argumentos. Los restantes integrantes del reparto quedan relegados a elementos secundarios, aunque necesarios para que la trama y los números musicales tengan continuidad en el discurrir de la película. 

España no es un país que se caracterice por reconocer la valía de las personas más destacadas, -cualquiera que sea la profesión en la que sobresalen-, ni siquiera cuando ya han dado muestras de reunir condiciones más que notables. Deben buscar en otros lugares las oportunidades que no tienen en el suyo. Luego, cuando regresan, ya reconocidos y famosos, quienes los minusvaloraron se apresurarán a cantar sus bondades, organizar homenajes y alabarlos de forma desmesurada, como si hubieran sido los primeros en descubrir su verdadera valía. Algunos de los homenajeados, integrados plenamente en el país que les dió acogida, regresan a él y si vuelven a España es de visita...

JOSÉ ITURBI, Valencia, 28/XI/1895 - California, 28/VI/1980
Iturbi es casi una excepción ya que fue reconocido desde muy joven en su propia tierra, Valencia, y estimulado por quienes podían favorecer su progreso. Su padre trabajaba para una compañía de gas y por las tardes era afinador de pianos. Su madre, gran aficionada a la ópera, no pudo dedicarse profesionalmentea ella y, al apreciar las condiciones innatas de sus hijos, José primero y posteriormente, Amparo, se esforzó en que pudieran estudiar. Se puede decir que José fue un niño prodigio, al que su inteligencia, su facilidad para aprender y su capacidad de trabajo hicieron que llegara a convertirse en uno de los grandes concertistas de piano de su tiempo. Sus primeros años son significativos:

3 años. Empieza a tocar al piano algunas melodías que le resultaban familiares.
5 años. Toma clases con la profesora María Jordan, que pronto advierte el talento del niño y aconseja a sus padres que soliciten su ingreso en el conservatorio.
7 años. Empieza a ganar dinero tocando el piano en la sala de cine Turia, como acompañamiento de las películas. Empieza a dar clases de piano a jóvenes mayores que él. Al cabo de unos meses, su aportación a la economía familiar es superior a la del padre.
14 años. Termina sus estudios en el Conservatorio de Valencia. Marcha a Barcelona para ampliar estudios con Joaquin Malats.
16 años. Uno de sus profesores en el Conservatorio le consigue una beca de la Diputación de Valencia para estudiar en el Conservatorio de París. Trabaja como pianista en un café-concert para poder pagarse la estancia y recibir clases particulares con la clavecinista y pianista Wanda Landowska.
21 años. En 1916 se casa con María Giner (fallecida en 1928) y tienen una hija.
23 años. Se trasladan a Suiza porque le han adjudicado la cátedra de virtuosismo de piano del Conservatorio de Ginebra, que años atrás había ocupado Franz Litsz. Su carácter estricto y muy crítico hace que sus alumnos le conozcan como "el inquisidor español". Está cuatro años, pero su calendario de conciertos es tan extenso que deja la cátedra para centrarse en su carrera de concertista.


En 1910, con 15 años. Antes de París.

Sus profesores en Barcelona y París:  
Joaquín Malats, visto por Ramón Casas, y
Wanda Landowska, clavecinista y pianista

Con 21 años
ITURBI EN ESTADOS UNIDOS Y MÉXICO
En 1928 debuta con la Filarmónica de Filadelfia dirigida por Leopold Stokowski y dos semanas después en el Carnegie Hall de Nueva York. El éxito de público y crítica fue de tal magnitud que en 1929 fue contratado para una serie de conciertos en Estados Unidos. Después de regresar a Europa y cumplir los conciertos programados, regresa a EUA y decide establecerse establecerse allí, a pesar de que el país iniciaba una crisis de larga duración como consecuencia del Crash de Noviembre de 1929, con el hundimiento de la Bolsa. Una Crisis económica sin precedentes que condujo a la Gran Depresión, que duró hasta pasada la mitad de la siguiente década, cuando los efectos de las medidas tomadas por la Administración Roosevelt (New Deal), entre 1933-35 (medidas urgentes) y 1936-38 (consolidación y reajustes), cambiaron la tendencia y dieron paso a la reactivación de la economía y a un descenso notable del paro. 
En un concierto en el Carnegie Hall de New York las 3000 localidades 
del aforo fueron insuficientes y se habilitaron asientos en el escenario



Su primer concierto en el enorme Teatro Abreu de Méjico, a principios de los 30s, fue frustrante porque la asistencia fue muy inferior a la esperada por la escasa difusión que tuvo. La promotora y escritora Jean Dalrymple se encargó de publicitar el siguiente concierto y el éxito fue total, hasta el punto de que se amplió el contrato hasta llegar a treinta conciertos. Animado por el éxito y viendo las grandes posibilidades que se le ofrecían, como solista e incluso como director, decidió fundar la Orquesta Iturbi en Méjico, para simultanear ambas opciones. Empezó con 40 miembros, que se fueron ampliando rápidamente hasta llegar hasta 110, culminando la temporada de conciertos con la 9ª Sinfonía de Beethoven, con un coro de 300 coralistas alemanes y mejicanos ante una audiencia de 4000 espectadores. El cartel corresponde a un concierto posterior, en 1934, con el violinista Jascha Heifetz como solista. 
A partir de la década de los 30s fue el director titular de diversas orquestas, como la Filarmónica de Nueva York, la Sinfónica de Chicago y las Filarmónicas de Filadelfia y Rochester. Una actividad tan intensa, con viajes frecuentes a ciudades separadas en ocasiones por miles de kms, le llevó a considerar la posibilidad de acortar la duración de los viajes. Aprendió a pilotar y utlizó su propio avión para ganar tiempo y poder cumplir sus múltiples compomisos. La aviación se había desarrollado lo suficiente como para que los viajes comerciales o privados fueran seguros. Acompañado en ocasiones por miembros de su equipo o por invitados, Iturbi pudo llevar a cabo un dilatado programa de conciertos y de difusión de la música clásica, que fue siempre uno de sus objetivos y que le llevaría a la idea de crear su propia fundación años más tarde. Iturbi pretendía popularizar la música clásica llevándola a grandes audiencias, más allá de las salas de concierto de aforo limitado, promocionar a nuevos valores y facilitarles su formación músical tal como hicieron con él.

1. de I. a D.: George Dalrymple (empresario), Amparo Iturbi (pianista), ?, ?, 
José Iturbi (un piloto muy seguro), Ernesto de Quesada (empresario musical, fundador 
de "Conciertos Daniel") y Jean Dalrymple (fue una gran amiga durante toda su vida).

2. Con su hermana Amparo, preparando un concierto


ITURBI EN HOLLYWOOD
A pesar de su labor docente y de sus esfuerzos por llevar la música clásica a unos públicos menos acostumbrados a apreciarla, su dedicación al cine -que, por otra parte, no le impidió seguir como concertista- no fue bien vista por algunos colegas, centrados en la  música seria, ni en parte de la crítica especializada, principalmente en Europa, de ahí que en algunos medios se rebajara su categoría como pianista. Es posible, pasados los años, que las opiniones de los expertos nos puedan dar una visión más ajustada a la realidad, aunque lo cierto es que compaginar la música clásica con la ligera o con el cine nunca ha sido considerado serio en determinados ambientes.

Aunque fuera de menor duración dentro del conjunto de su actividad profesional, su contribución en el apartado cinematográfico fue muy apreciable y nunca se ha valorado adecuadamente. Fue contratado como pianista y director de orquesta por MGM en 1942, pero pronto advirtieron que sus conocimientos se extendían a otras facetas, más allá de la interpretación de algunas piezas o de dirigir la orquesta del estudio. Como actor, era seguro, desenvuelto, implicado en el rodaje y un excelente consejero para sus colegas. Un compañero muy exigente en el trabajo pero afable y divertido. Las estrellas que trabajaron con él siempre reconocieron lo importante que fue para ellas.
Primera película y primera colaboración con Kathryn Grayson
En la 2ª foto, con Judy Garland en Thousands cheer




Anchors aweigh (Levando anclas), 1945, MGM, George Sidney
Iturbi, se había adaptado perfectamente al estilo de los musicales 
de la Metro. Durante el rodaje ayudó a Frank Sinatra 
a preparar un recital en el Hollywood Bowl.





Los Musicales de los años 30s mezclaban
-como los de cualquier época- música y comedia o drama; pero era un género nuevo dentro de un cine diferente, el Sonoro, en donde  los argumentos eran una mera excusa para la concatenación de los números musicales, fueran canciones, bailes o espectaculares coreografías, con el añadido de unos diálogos ocurrentes. Los musicales de la primera mitad de los 40s presentan notables diferencias, aunque seguían de acuerdo con los criterios de hacer un cine ligero y espectacular. El color era fundamental -al menos, en MGM, que es en donde Iturbi trabajó- y estaba pensado para dos tipos de público: el integrado por las tropas combatientes y el formado por las personas de la retaguardia o de otros países no involucrados directamente en la guerra. Eran también una sucesión de números musicales, con las grandes estrellas del momento, pero en donde la propaganda en aras del esfuerzo bélico o la exaltación de los valores patrios estaba constantemente presente

Sin embargo, en las dos últimas películas que rodó en Hollywood, durante la segunda mitad de los 40s, Three daring daughters y That midnight kiss, el género ya se había adaptado a lo nuevos tiempos, consecuencia del fin de la guerra, y a los gustos de un público que había cambiado. Las tramas argumentales eran más consistentes, no estaban basadas en un desfile de estrellas, músicos y orquestas o en espectaculares alardes coreográficos. El argumento cobraba importancia y la labor de los intérpretes, como tales, era esencial. En esta combinación de música e interpretación, Iturbi demostró que reunía condiciones más que sobradas para simultanearlas. Compartió protagonismo con Jeanette MacDonald y Kathryn Grayson, dos ejemplos perfectos de actrices que sabían moverse con naturalidad en la parte musical y en la hablada. Fue el final de la etapa de Iturbi en el cine que, es probable, prefiriera centrarse en la música y en otros proyectos ligados con ella, porque no veía interesante seguir haciendo cine.
1-2. Three daring daughters, 1948, MGM, Fred M. Wilcox, con
Jeanette MacDonald, Elinor Donahue, Ann E. Todd y Jane Powell. 
3-4. That midnight kiss, 1949, MGM, Norman Taurog, primera película 
de Mario Lanza y última de Iturbi y Grayson juntos.

SU NUEVO PAÍS
Iturbi se identificó con Estados Unidos desde desde el primer momento, hasta el punto de instalar su residencia de forma permanente, aunque siempre permaneciera fiel a sus orígenes, con frecuentes viajes a Valencia. No obstante, le costó asimilar que el público americano no era como el europeo, y el comportamiento de algunos espectadores, sobre todo en los primeros años, le llevaron a interrumpir algunos conciertos e incluso a abandonar el estrado, aunque entre los espectadores estuviese el presidente de la nación. Con el tiempo, el publico y él llegaron a una entente cordiale, no pactada pero asumida por ambas partes. Lo expresó así en diversas entrevistas: 

"América ha sido buena para mí... Aquí ha estado mi fuente de juventud... Paga a sus artistas generosamente y los convierte en algo especial... 
Admiro a los estadounidenses porque no les importa reconocer su ignorancia en aquellos temas de los que desconocen practicamente todo; lo admiten sin intentar disimularlo. Pero si les interesa, escuchan, estudian, aprenden y cuando conocen el tema son capaces de contarte cosas que ni uno mismo, que puede ser experto en el tema, conoce... 
He viajado por todo el mundo y no hay ningún país, excepto Estados Unidos, en donde un extranjero no se sienta como un extraño."

Concertista, en sala de conciertos y director, con su hermana 
Amparo al piano, en el Hollywood Bowl, al aire libre
Durante la Segunda Guerra Mundial colaboró activamente, organizando conciertos, como pianista en festivales o en la Hollywood Canteen, animando a los soldados convalecientes o de permiso; trabajando en documentales de tipo patriótico y recorriendo el país con otros artistas en un tren especial dedicado a la venta de bonos de guerra. La simpatía natural de Iturbi, su facilidad de palabra y sus capacidad como organizador eran perfectas para lo que se pretendía. Incluso, a raiz del del bombardeo de Pearl Harbor por parte de la aviación japonesa, quiso alistarse en la fuerza aérea, pero, como es lógico, con 46 años no fue aceptado, por lo que ingresó en la CAP (Patrulla Aérea Civil). Su colaboración fue reconocida por diveros presidentes de la nación, especialmente Harry S. Truman, pianista aficionado, tanto durante su mandato como posteriormente. 

Su postura durante la Guerra Civil española fue de reserva, según él porque tenía amigos y familiares en ambos bandos. Por su manera de ser, es posible que no se sintiera identificado con ninguna de las dos partes: la Golpista, por su brutalidad planificada y la influencia de nazis y fascistas en el desarrollo de la contienda, y la Republicana por su anarquía, creciente caos y refriegas sangrientas entre los partidos que defendían la República.
El tren de los Bonos paraba en las distintas estaciones del recorrido. 
Aparece en la 1ª fila, con pipa; el presentador parece Bing Crosby 
 y sentados se reconoce, entre otros, a Greer Garson, Judy Garland 
 y Mickey Rooney. Foto 2: en la Hollywood Canteen

1948: Tocando a cuatro manos con el Presidente Truman 
1960s: durante una cena conmemorativa
Conocimientos, experiencia, capacidad de trabajo, inteligencia, rigor, disciplina y habilidad para desenvolverse en muy diferentes ámbitos hicieron que sus opiniones fueran tenidas en cuenta y solicitadas  por muchas personas. Algunos de los protagonistas de aquellas películas le pidieron consejo, no sólo en la película concreta que estuvieran rodando sino también acerca de sus propias carreras. Iturbi había sido un buen y aventajado alumno cuando era estudiante y lo siguió siendo cuando quiso aprender algo nuevo. Siempre fue un excelente trasmisor de sus conocimientos a otras personas, profesionalmente primero, en Europa y de forma desinteresada, con posterioridad.
1. Iturbi y Frank Sinatra conversan durante un descanso en 
el rodaje de Anchors aweigh (Levando anclas), 1943.
2 y 3. Con Kathryn Grayson durante un recital y en un descanso.
K.G: "Lo adoraba. Era amable y generoso con todos... Hacía que 
todo fuera divertido, incluso el trabajo...A veces las sesiones de 
trabajo se prolongaban hasta doce o catorce horas diarias, 
pero a nosotros no nos afectaba, éramos felices en nuestro trabajo... 
Era muy exigente, pero nunca le vi perder la paciencia"
4: Con Jimmy Durante, Frank Sinatra y Bing Crosby. 
La mujer de perfil de la izq. podría ser Bette Davis 

Su esposa, María Giner de los Santos se suicidó en 1928 y su única hija, María, también, en 1942, con sólo 28 años, posiblemente por la desesperación de perder la custodia de sus dos hijas después de su divorcio. La batalla legal de Iturbi para conseguir la custodia de sus dos nietas después de la muerte de su hija fue larga y la ganó el marido de María, el violinista Stephen Hero, aunque posteriormente llegaron a un acuerdo y pudo ver con frecuencia a sus nietas y posteriormente sus biznietos. 

A mediados de los años 40s inició una relación sentimental con Marion Seabury, soprano, que se prolongó hasta la muerte del pianista en 1980. En 1941 compró una mansión de Beverly Hills a su propietaria, la Condesa Dorothy di Frasso, una de las luminarias de la Sociedad americana durante las décadas de los 30s y 40s. La mansión había sido decorada por la interiorista Elsie de Wolfe (Lady Mendl) y en gran medida se mantuvo el estilo, aunque Iturbi fue añadiendo su colección de obras de arte y acomodando la casa a sus necesidades.
Marion Seabury e Iturbi a principios de los 50s

SU LEGADO. LA FUNDACION JOSE ITURBI
Iturbi legó todos sus bienes a la persona con la que había convivido durante cuarenta años, Marion Seabury, que pasó a ser  la presidenta de la Fundación Iturbi, destinada a conservar su legado, material y musical, mantener el interés por la música clásica con la organización de conciertos y promoción de nuevos valores mediante convocatorias de concursos. La Sra. Scabury falleció en 2008 y nombró a Donelle Dadigan, nueva presidente. La Sra. Dadigan, pianista, que fue alumna y ahijada de Iturbi y Scabury, es la actual presidenta de la fundación. Al fallecer la Sra. Scabury, y tal como había acordado con ella, procedió a vender en pública subasta de ámbito mundial, cuanto contenía la mansión en la que habían vivido sus padrinos, para el mantenimiemto de la fundación.





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