martes, 6 de septiembre de 2022

¡¡AYÚDAME, GIESLER!!





J E R R Y   G I E S L E R  
HOLLYWOOD LAWYER 
Wilton Junction, Iowa, 1886 - 1962


El abogado defensor Jerry Giesler salvó a muchas personas de la cárcel, del descrédito o de las consecuencias económicas, si se perdía el juicio en el que estaban involucradas. Entre ellas hubo de todo: inocentes, presuntos culpables e incluso culpables. A muchas les consiguió la absolución y a otras les evitó males mayores cuando eran declaradas culpables; dejando entrever al menos, en las sentencias desfavorables, una cierta evidencia de que la otra parte tenía cierta responsabilidad en lo que se dirimía, evitando que su defendida cargara con toda la culpa. Las causas eran muy diversas y las profesiones de sus clientes muy variadas, aunque las que tuvieron más repercusión fueron aquellas en las que estaban involucradas actrices y actores de Hollywood, como Errol Flynn, Charles Chaplin, Robert Mitchum, Lana Turner o Marilyn Monroe. 

No obstante, el caso que le convirtió en un referente como abogado defensor fue el del empresario teatral Alexander Pantages, de origen griego, acusado de la violación de la bailarina de burlesque de 17 años Eunice Pringle. En 1929, tras el primer juicio, fue condenado a 50 años de cárcel. Pantages contrató a Giesler, que apeló de inmediato a la Corte Suprema de California para solicitar un nuevo juicio por las irregularidades manifiestas del anterior. Durante la nueva vista Giesler que detrás de la acusación de la joven estaba la cadena de medios de comunicación de William Randolph Hearst y el magnate Joseph Kennedy (el padre de presidente Kennedy), que había intentado en diversas ocasiones comprar la cadena de teatros de Pantages. La extremada habilidad Giesler desmontó las pruebas y testimonios esgrimidas contra su cliente, dejó en evidencia la demandante y dejó clara la influencia determinante de la campaña mediática sobre los miembros del jurado anterior. En 1931 el empresario, casi arruinado y enfermo después de lo ocurrido, fue absuelto.


La mayor parte de sus clientes eran personas conocidas o incluso muy populares, como las diversas actrices y actores que defendió a lo largo de su carrera. Personalidades que provocaban una enorme expectación y la movilización de los medios de comunicación, con la generación de unas corrientes de opinión, a veces malintencionadas y en general sensacionalistas, que hacía muy complicado averiguar quién tenía la razón, decía medias verdades o mentía con la mayor soltura. Giesler se movía en tales circunstancias como pez en el agua entre testigos favorables, hostiles, abogados, fiscales, jueces y la elección de los miembros del jurado.

Si la cara no es el espejo del alma, poco le falta,
aunque ni siquiera sepamos nada de la persona cuando
la vemos por primera vez, como en el caso que nos ocupa.
 















 
Cheryl Crane mató al amante de su madre,Johnny Stompanato.




El caso de Robert Mitchum fue particularmente complicado, pero logró una condena mínima. Las caras de acusado y defensor son elocuentes.



sábado, 29 de enero de 2022

 SANTA ANITA EL DENTISTA 

El dentista del título fue Charles H. Strub (California, 1884-1958) y Anita no fue una santa, ni siquiera una persona, es un hipódromo.

Strub, empresario nato además de dentista innovador no tuvo necesidad de traspasar límites indeseados para conseguir sus objetivos en ninguno de los proyectos en los que se involucró, como Santa Anita Park. Le gustaba lo que hacía, se sabía con condiciones para llevarlo a cabo y aceptó a los rivales de la competencia con naturalidad, sabedor de que tenían el mismo derecho que él a conseguir sus objetivos.

 Su inteligencia, ambición y enorme capacidad de trabajo iban acompañadas de una gran dosis de sentido común: si él ganaba también lo hacían los inversores, sus colaboradores en los proyectos y aquellos que los disfrutarían, los usuarios.

No estudió la carrera por vocación sino por la sencilla razón de que pasó las de Caín cuando de niño le arreglaron la dentadura. Se juró a sí mismo que eso no le iba a pasar a otros si podía evitarlo. Cursó los estudios de odontología en Berkeley y abrió consulta en San Francisco, dotándola de todas las innovaciones posibles encaminadas a evitar el dolor a los pacientes. Lo que no podía imaginar es que la Naturaleza, en forma de terremoto, le iba a jugar una mala pasada: en 1906 el seísmo se tragó su flamante consultorio. 


Como era un hombre de recursos y fértil imaginación no se dejó amilanar y volvió a empezar: montó una nueva consulta y participó activamente en la reconstrucción de la ciudad como promotor inmobiliario. En pocos años no sólo se había recuperado de las consecuencias del seísmo sino que tenía una cadena de consultorios en donde se aplicaban sus técnicas y se renovaban periódicamente con equipos de última generación.

Mientras cursaba la carrera jugó a baseball en el equipo San Francisco Seals (nota 1), pero cuando se recuperó de las consecuencias del terremoto y de los trabajos para abrir nuevas consultas, se había hecho algo mayor, así que se retiró en 1918 y compró un tercio del equipo –al tiempo que se encargaba de su dirección– como una inversión más  añadida a sus diversas propiedades inmobiliarias. El equipo se convirtió en uno de los mejores de su categoría y un proveedor habitual de jugadores para la Liga superior.

Sin embargo, en 1929 hubo un nuevo terremoto, pero fue la Bolsa y no la Naturaleza quien le volvió a poner a prueba: el Crac del 29 le pilló de lleno y le arruinó, dejándole con más de un millón de dólares en deudas. No le pasó por la cabeza tirarse por una ventana, ni entró en ningún tipo de depresión, se sabía capacitado para salir adelante. Su reputación era tan sólida que cuando le preguntó al Presidente del Banco de América qué debía hacer para devolver el préstamo, éste le dejó total libertad para decidirlo porque no tenía ninguna duda de que lo devolvería.

SANTA ANITA 

Su gran visión para los negocios y su don de gentes para atraer inversionistas le llevó a embarcarse en nuevos retos, de forma que no tardó en devolver cuanto debía y poner en marcha una nueva cadena de consultorios. Por otra parte, se había dado cuenta de las grandes posibilidades de construir un complejo hípico en la zona de Los Ángeles y Hollywood y era evidente que se iban a legalizar las apuestas, con lo que supondría de ingresos. Pero ni él, ni quienes confiaban en su capacidad para poner en marcha el proyecto, contaban con los terrenos apropiados. Sin embargo, el productor y director de cine Hal Roach –otro emprendedor con muy buen olfato, sus propios estudios de cine y experto jugador de polo–, y un grupo de inversores tenían los terrenos apropiados, pero carecían de suficiente capital y de la persona idónea para llevar a cabo un proyecto de semejante envergadura. En sus conversaciones, unos y otros vieron claro que el camino a seguir era unir esfuerzos y formar un equipo bajo la dirección de Strub. 

Hal Roach y Charles H. Strub

El proyecto se puso en marcha y progresó a tono con la velocidad y empuje habitual en quienes lo conducían. Fundaron Los Ángeles Turf Club en Santa Anita Park, en Arcadia, en unos terrenos que años atrás habían acogido un hipódromo ya destruido en un incendio. En 1933 mientras el complejo estaba en plena construcción, se legalizaron las apuestas en California. El complejo hípico se inauguró el día de Navidad de 1934 con una afluencia de público que sobrepasó todas las expectativas, con la presencia de numerosas estrellas de cine, muchas de las cuales se convirtieron en clientes habituales. Fueron muchas las películas que se rodaron en sus instalaciones, tanto para secuencias concretas o como motivo central de la trama. 


Imágenes de la inauguración

Las predicciones con las que Strub había convencido a los accionistas se cumplieron con creces y la instalación se convirtió en un gran negocio: al cumplirse el primer año se devolvió a los inversionistas el 100% de su aportación. Santa Anita estaba abierta a numerosas actividades relacionadas con la hípica: alquiler y venta de caballos, mantenimiento de los que eran propiedad de los abonados, enseñanza, excursiones hípicas...  

En las fotos siguientes: 

  1. Cary Grant, Alfred Gwinney Vanderbilt (multimillonario y criador de caballos), Maureen O'Sullivan (actriz) y Howard Hawks (director de cine). 
  2. Spencer Tracy (actor) y esposa. 
  3. Hedy Lamarr (actriz) y Joseph M. Schenk (cofundador y presidente de 20th Century Fox). 
  4. Charles Chaplin y Walt Disney. 
  5. Hal Roach (productor) y Clark Gable (actor y criador de caballos).






LO INESPERADO

Sin embargo, en 1942 Santa Anita Park se convirtió en lo que nunca pudo imaginar Charles Strub: un campo de internamiento para inmigrantes japoneses. Cuando Japón entró en guerra con Estados Unidos, tras el ataque a la base naval de Pearl Harbour en Diciembre de 1941, fue la instalación escogida para alojarlos inmigrantes. Muchos de ellos habían nacido en tierra americana y no habían visto el Japón más que en fotos o películas, pero fueron considerados susceptibles de convertirse en espías o activistas a favor de Japón y se decidió recluirlos en Santa Anita. También, en cierta medida, para protegerlos de agresiones por parte de personas que los veían como enemigos.



En 1945 Santa Anita volvió a la actividad para la que fue creado. Empezaba también la consagración de uno de los mejores caballos de carreras de la historia, Seabiscuit, cuya trayectoria se vería inmortalizada en dos películas, The story of Seabiscuit, en 1949, de David Butler, con Shirley Temple, Barry Fitzgerald y Lon McCallister, y Seabiscuit, más allá de la leyenda, en 2003, de Gary Ross, con Tobey Maguire, Jeff Bridges, Chris Cooper y Elizabeth Banks. Pero esta es otra historia que merece su propio lugar.


LOS IMITADORES

El extraordinario éxito de Santa Anita tuvo imitadores de forma inmediata: en 1936, un grupo de inversores encabezado por el actor y cantante Bing Crosby, Lindsay C. Howard, hijo del millonario Charles  S. Howard, propietario del caballo Seabiscuit, y el experto en bolsa William A. Quigley, inauguró el Del Mar Thoroughbred (pura sangre)Turf Club, situado cerca de la costa del Océano Pacífico, lo cual dio lugar a una hábil frase publicitaria: "where the surf meets the turf". La empresa era propietaria de una cuadra de caballos pura sangre en Argentina. Si Santa Anita había inventado la salida de los caballos desde cajones, Del Mar inventó la foto-finish.




En 1938 se inauguró el Hollywood Turf Club por parte de un grupo de inversores encabezado por Louis B. Mayer (MGM), Jack Warner (Warner Bros), Al Johnson, Raoul Walsh y 600 accionistas. En sus primeros años la instalación estuvo dirigida por el director de cine Mervin LeRoy. Durante la guerra la instalación fue utilizada como centro de almacenamiento del ejército.

Las tres instalaciones convivieron con éxito y siguen funcionando en la actualidad aunque con otros propietarios.

Nota 1

El equipo de béisbol pertenecía a las ligas menores, que solían traspasar a sus mejores jugadores a las ligas mayores. Su traspaso más lucrativo fue el de Joe DiMaggio a los New York Yankees en 1936. DiMaggio se casó en 1953 con la actriz Marilyn Monroe.

La tenista Alice Marble, nº 1 del tenis femenino en 1939, fue elegida mascota del equipo cuando tenía 9 años. Para más información ver la entrada dedicada a ella en este mismo blog.


lunes, 9 de agosto de 2021

HISTORIA DE UN COLLAGE


La foto corresponde a la parte superior izquierda y equivale a un 50% del collage.  
En la el color es más parecido al verdadero. La línea difusa que se aprecia 
encima de mi cabeza, atravesando a Jayne Mansfield, Robert Redford, Mª Luisa Sanjosé 
y William Holden, es la parte del plástico adherida al collage por calentamiento.

A principios de los 1980s alquilé un estudio en un entresuelo de la finca 89-91 de C/Provenza de Barcelona, cerca de la Escuela Industrial. Daba a la parte de los patios interiores de la manzana. El patio, casi tan grande como el propio estudio, daba por el lado derecho a Editorial Sopena, que ocupaba varios números de la calle. Su patio estaba dos metros más alto y ocupaba buena parte de la isla central de la manzana. En ella, todo eran edificios de viviendas, excepto en el lado que daba a C/Borrell, ocupado en buena parte por el Colegio IPSI. Me resultó curioso que habiendo vivido toda mi vida en una manzana ocupada en buena parte por el Colegio San Miguel, sus patios y la iglesia, escuchando diariamente el ruido de los niños durante los recreos, tuviera el mismo ambiente sonoro en el estudio, aunque de mucha menor intensidad. Me resultaba familiar.
Derribada sin contemplaciones, antes de que se pudiera evitar
La planta entresuelo de la finca estaba dedicada a despachos: 
a) un dentista, b) dos estudios, el mío y otro más pequeño, c) una correduría de seguros y d) las oficinas de Impresoras Epson, cuyo patio y estaba separado del mío por una tapia de algo más de un metro de altura. Años más tarde lo ocuparía una empresa de caza de morosos. A veces, por la ventana que daba a la terraza, 
se escapaban las amenazadoras -y a veces divertidas- conversaciones telefónicas con los morosos. Después, ya en el 2000 se instalaron unos chinos con un taller de confección, posiblemente ilegal, con ruidosos telares que no paraban en todo el día y parte de la noche. Debían formar parte de la primera oleada de chinos, que creció al unísono con las nuevas invasiones de moros, hindúes, subsaharianos y latinoamericanos, que globalizaron Barcelona.

1ª foto: A derecha estaba la enorme terraza de Editorial Sopena. En la parte inferior las hojas del ficus del que explico su periplo en "Un Ficus viajero"en "El Color del Maldito Cristal"
2ª: tapia de la izquierda daba al patio de Epson.
El visitante inesperado es un mirlo.
Era el estudio ideal para una pareja joven, según comentaron los propietarios, un matrimonio de jubilados, mientras nos lo enseñaban. El "nos" viene a cuenta de que me acompañaba un amigo, con la idea era compartir el estudio, yo para mis clases y él para tocar el piano sin molestar a los vecinos. A él no le convenció y se retiró del tema aduciendo unos motivos algo peregrinos porque realmente era perfecto para no molestar. A mi me gustó y me embarqué solo en el asunto, aunque en principio no entraba en mis cálculos pagar un alquiler tan elevado. Años después supe que no era una sala de música lo que buscaba mi amigo, sino un nidito de amor para estar con una amiga veinte años más joven de la que se había enamorado. Cuando se descubrió la relación, su matrimonio terminó de forma fulminante. 
La habitación principal tenía una pared de unos tres metros de longitud, situada entre la puerta de la cocina y el dormitorio, que estaba pidiendo a gritos un cambio radical de decoración. Pensé en diversas cosas, pero en cuanto me vino a la mente, no dudé: un collage dedicado al Cine, mi pasión nada secreta porque en esa época todavía pensaba que podía convertirse en mi profesión. Me hizo poner los pies en el suelo, un director de cine José Ulloa, con el que conversé en diversas ocasiones. Me dejó bastante claro las posibilidades reales de vivir bien -o, al menos, de una manera desahogada- trabajando en la Industria Cinematográfica del país: nada era seguro ni para los más cualificados.

No quería un cartel escuálido, del tamaño estándar habitual, que se confeccionaban con estrellas de diferentes épocas y de los cuales había comprado alguno. El collage tenía que ser un cartel gigante que cubriera la pared elegida o la mayos parte parte de ella.  
Dado que los ordenadores personales no existían en plan comercial o estaban poco menos que en pañales; lo que hiciera tenía que ser en plan artesanal y armándome de una buena dosis de paciencia.

El material lo tenía, pero en estado bruto. Durante años me había comprado enciclopedias de cine en fascículos semanales, posteriormente encuadernados: de Buru-Lan, de Salvat, de Las Estrellas, Planeta y de dos o tres editoriales más, alguna de las cuales no terminé porque ya se me había pasado la época de obras generales y prefería libros más específicos. Quizá fue una exageración coleccionar tantas, pero en todas encontraba cosas diferentes que me impulsaban a comprarlas, aunque muchas fotos o datos estuvieran repetidas. Por otra parte, conservaba muchas revistas de cine y fotos sueltas guardadas por diferentes motivos. Sin embargo, las portadas y contraportadas de los fascículos, con fotos de gran formato, resultaron ser el material más adecuado, por el tamaño de las caras y cuerpos, apropiado para destacar y verse con detalle desde, al menos, un par de metros sin necesidad de pegar la nariz al collage.

Seleccionar las fotos entre varios centenares, recortar las que se prestaban a ello- y montarlas de forma adecuada para que encajaran, hizo el trabajo muy laborioso. De hecho, deshice gran parte de lo construido en diversas ocasiones. Duró varias semanas. Había acotado una parte del suelo del salón, entre el pasillo y la cocina, en donde iba colocando y acoplando el material, a la búsqueda del encaje idóneo para cada foto. A veces me desesperaba porque no me gustaba cómo quedaba o porque había una parte que ya estaba completada, pero no sabía cómo continuarla sin que lo que añadía desentonara. Era un trabajo que hacía en ratos libres o por la noche. Coincidió con el fin de una larga, muy complicada y en ocasiones llena de sobresaltos, relación sentimental, lo cual me permitió dedicarle más tiempo y los fines de semana que llovía y no se podía jugar a tenis. 
 
Por fin, el collage estuvo terminado, aunque la parte inferior desmerecía un poco del resto porque, a pesar del material acumulado, faltaban actores y actrices que me parecían fundamentales o que me gustaban por encima de otros. Se podría decir, y es cierto, que no estaban todos los que eran y no eran todos los que estaban, pero tuve que cortar por lo sano para que el trabajo no se eternizara. El material correspondía principalmente a intérpretes de los años 1940s, 50s y 60s, con algo de los 30s y 70s.
Dadas las dimensiones finales, aproximadamente de 2,5 metros de largo y 1,5 de alto, enmarcarlo era algo complicado. Debería haber recurrido a mi hermana y a mi cuñado, expertos en el tema por ser pintores. El enmarcado final era endeble y cometí la imprudencia de encender, un día que hacía frío, una placa calorífica situada debajo del collage. Cuando quise darme cuenta parte del plástico que lo recubría había empezado a fundirse y el marco a curvarse. El daño fue leve pero no pude evitar que se notara en algún lugar. A pesar de todo, resultaba verdaderamente espectacular y, entre las personas que lo vieron, muy pocas fueron las que no me preguntaron cosas sobre él, acerca de quienes aparecían o quién lo había hecho.
 
Las fotos que coloco para dar una idea lo más aproximada posible a la realidad, no son las mejores porque corresponden a meses después del accidente. No he encontrado ninguna que coja el collage en su totalidad, pero creo que pueden dar una idea bastante aproximada de cómo era. Las primeras que hice, recién colocado en la pared, no se por dónde paran. Quizá estén entre los montones de negativos que conservo. En algunas, utilicé el collage como fondo en fotos de alumnas, alumnos y amistades, a las que les gustaba tenerlo como recuerdo, pero la mayoría las daba y los negativos no me consta que los tenga. Tengo autorretratos míos, hechos en momentos puntuales de narcisismo, de los que he tratado de sacar las partes en las que aparezco.
 
El collage no cuelga ahora de ninguna pared, está enrollado desde hace unos cuantos años y cuando lo rescate no sé lo que me voy a encontrar. Espero que el tiempo transcurrido lo haya respetado lo suficiente como para que valga la pena seguir contemplándolo. 




viernes, 12 de marzo de 2021

Buster Keaton: Potsdamer Platz (Berlín) - Sitges (Barcelona), 1930

Esta foto de Buster Keaton en Potsdamer Platz de Berlín en 1930vista en Mitocinema, me llevó a recordar cómo era la plaza antes y después de la Segunda Guerra Mundial. Se la hicieron durante las vacaciones de verano que hizo el actor a Europa en compañía de su esposa, Natalie Talmadge, su cuñada Norma Talmadge y Gilbert Roland (Luis Dámaso Alonso), pareja entonces de Norma. El grupo visitó Inglaterra, Francia, Alemania y España durante dos meses. Un matrimonio y una pareja que en cuestión de meses se separarían. Quizá pensaron, al planear el viaje, que había posibilidades de recomponer unas relaciones deterioradas. Esta foto y un pequeño cortometraje para un noticiario se tomaron durante un paseo del actor por los alrededores del hotel cercano a la plaza, en donde los cuatro veraneantes se alojaron durante cinco días. Su esposa Natalie, que no era precisamente la alegría de la huerta, no le acompañaba.

Existen numerosas fotos y  reportajes sobre su estancia en España, principalmente en Madrid, San Sebastián, Barcelona y Sitges. Al actor no le fue fácil entender porqué en España era conocido como Pamplinas. En la imagen inferior, a su derecha derecha está el compositor Frederick Hollaender (1896-1976), conocido principalmente por las bandas sonoras de Der blaue engel (El ángel azul), Berlín Occidente y Sabrina.


Visitando en Facebook las páginas de Barcelodona y de Los nanos de Sitges, administradas por Ramón Vilalta, se encuentra una detallada información sobre la visita de los cuatro a Barcelona y a Sitges, con la aportación de la jovencísima periodista Irene Polo (Barcelona, 1909-Buenos Aires, 1942), en los comienzos de su brillante, aunque lamentablemente corta, labor como periodista. Irene Polo, mujer inteligente, decidida y de gran personalidad, destacó en una época particularmente difícil. Su manera de afrontar la entrevista con Buster Keaton captó el interés del actor, que ya pasaba por una situación personal y profesional muy difícil. Keaton se mostró más relajado. Las fotos, especialmente si se sigue la serie completa en Barcelodona, son elocuentes porque, dentro de su seriedad habitual, se le notaba menos a la defensiva, por expresarlo de alguna manera.



La plaza de potsdamer no era realmente tal plaza, era más bien un cruce de calles muy transitadas, con el primer semáforo que se instaló en Europa. En la plaza y en las calles adyacentes la actividad  comercial y cultural provocaba una gran afluencia de personas a todas horas y durante cualquier día de la semana. Después de la guerra, Potsdamer Platz quedó tan arrasada como la carrera y la vida personal de Keaton después de su divorcio de Natalie Talmadge. En ambos casos, la reconstrucción sería lenta y tardaría muchos años en conseguirse. 

En el caso concreto del actor, su vida personal se estabilizó a partir de su matrimonio con Eleanor Norris en 1940. En el aspecto profesional se mantuvo en activo aunque a otro nivel. En la década de los 50s se produjo una merecida revalorización de su carrera. Buster Keaton consideraba que su mayor error profesional fue hacer caso de Joseph Schenk (productor y marido entonces de Norma Talmadge) y firmar  por MGM en 1926. En mi opinión, el principal error fue quedarse atrapado en el Clan Talmadge, formado por su suegra, Margaret Talmadge una de las primeras mamás de Hollywood, sus cuñadas y su esposa, Natalie, actriz fracasada y algo desequilibrada. Creo que sin el traumático divorcio -un verdadero expolio- hubiese sido capaz de encontrar el equilibrio entre las necesidades de la productora y su propia creatividad.

En el caso de la plaza, partida en dos por el Muro de Berlín, no recuperó parte de su antiguo esplendor hasta la caída del Muro de Berlín, que atravesaba el descampado en que se convirtió toda la zona durante cuarenta y cinco años Sin embargo, todo parecido con lo anterior se reduce a la reproducción de su elemento más significativo, que aparece a espaldas del actor en la primera foto. Creo que las fotos escogidas ayudan a darse una idea de lo sucedido en la plaza.