domingo, 13 de enero de 2013

Miradas que delatan... 
¿ocultas intenciones?


Hace unas semanas publiqué en El color del maldito cristal un artículo con el título "Miradas que matan, electrocutan, delatan, conmueven..."
Hoy, las miradas son de cineastas, de ahí que incluya el artículo en este blog.
La interpretación del tipo de miradas es personal. Forman parte de esas asociaciones de ideas que aparecen espontáneamente cuando vemos u oímos algo que nos llama la atención. Como en tantos casos en que se ve una imágen de esas que dicen que vale más que mil palabras", es posible que otras personas las interpreten de una forma parecida. En este caso son miradas que parecen delatar... ¿ocultas intenciones? 

Antes de entrar en materia cuento algo sobre los protagonistas de las fotos, que vivieron la parte más brillante de sus carreras entre 1930 y 1960, más o menos. 
Veamos: 


 James Cagney, un actor al que el cine sonoro convirtió en una estrella. Aunque lo que más se recuerde de él sean sus papeles de ganster en producciones Warner, como The public enemy o White heat (Al rojo vivo), lo cierto es que se trataba de un actor muy versátil, capaz de actuar con la misma soltura en una comedia que en un drama o  un musical. Precísamente ganó el Oscar al mejor actor por Yankee doodle dandy, versión idealizada de la vida del compositor George M. Cohan. Se retiró en 1961, después de protagonizar la sátira de Billy Wilder, Un, dos, tres y reapareció en 1981 en una breve pero destacada intervención en Ragtime de Milos Forman.


Lucille Ball, actríz que también empezó su carrera en el Sonoro, en películas de serie B. A lo largo de la década de los 30s sucedería a Fay Wray (la protagonista del primer King Kong y excelente tenista) como "Reina" de la serie B. Su consagración vendría a través de las series de televisión producidas por su propia compañia, Desilu, que fundó con su marido, el músico y actor cubano Desi Arnaz. Fue la primera mujer que dirigió una productora y lo hizo con excelentes resultado artísticos y económicos, hasta el punto de que en 1960, al separarse de su marido tomó el control de la productora, con la que ganaría numerosos premios Emmy.
Esta es la foto que los relaciona:


Hollywood: Junio de 1933. James Cagney y Lucille Ball tomando una taza de café.
Cagney ya es una estrella y Ball una joven actríz que comienza una prometedora carrera y lejos todavía de los maquillajes de años después, que le hacían parecer un comanche en pie de guerra.
La mirada de Cagney es como la de la serpiente que se dispone a comerse el pajarillo,
aunque Ball no tenga precísamente aspecto de ave indefensa.











Los otros dos protagonistas:




Carlos Ramirez, cantante colombiano que intervino en la década de los 40s en diversas producciones, la más conocida de las cuales es Escuela de Sirenas (Bathing beauty) de MGM, en 1944, con Esther Williams, Red Skelton, Basil Rathbone y Xavier Cugat y su orquesta. La Esther Williams de Escuela de Sirenas fue precísamente mi primer "amor de cine", como explico en un reportaje anterior. Curiosamente, el excelente barítono colombiano también está ligado a mis recuerdos de infancia a través de la canción Te quiero, dijiste (Muñequita linda), compuesta por Maria Greever, cantante y compositora mejicana a finales de los 20s, que escuché en la voz de un cantante español (quizás, Victor Balaguer) en una de las veladas artísticas que se celebraban en la casa de verano de la poetisa Marina de Castarlenas, muy amiga de mis padres.


Jane Powell, actríz y excelente cantante, rodó su primera película en 1944, con quince años. No tuvo una carrera especialmente brillante aunque intervino en varias películas destacadas, como los musicales Royal wedding, (en donde fue la tercera opción, después de June Allyson y Judy Garland) con Fred Astaire y Siete novias para siete hermanos, con Howard Keel, dirigidas ambas por Stanley Donen. A finales de los 50s recaló en la televisión. Fue muy amiga de Elizabeth Taylor y fueron madrinas de sus respectivas primeras bodas. Ambas reincidirían en diversas ocasiones. En bodas, más que en madrinazgos...
La foto correspondiente:

Hollywood, una década después: Carlos Ramirez y una jovencísima Jane Powell, 
casi tan difícil de reconocer como Lucille Ball en la foto anterior. Esta mirada también es elocuente, pero menos contemplativa: Ramirez ya va a por el pajarillo...







domingo, 12 de agosto de 2012

Portada, contraportada y sumario de: Un Hollywood muy personal... y deportivo

Estas son la portada y la contraportada de
 "Un Hollywood muy personal... y deportivo".

En el libro conviven dos partes: el texto y los pies de foto de las 1027 imágenes que forman la parte gráfica. Los pies de foto forman como un segundo libro, íntimamente relacionado con el texto general, pero con entidad propia. No son, como es frecuente, líneas del texto copiadas y pegadas. 

Todas las fotos tienen su razón de ser y no están de relleno o para hacer digerible el texto y los comentarios sobre ellas están en función directa de lo que se ve en ellas o de la situación a la que corresponden. En algunas, muy pocas, he hecho pequeños añadidos irónicos o satíricos y los pies de foto tienen, en ocasiones, un tono más desenfadado.

Las fotos, en su mayoría corresponden a los impresionantes archivos de Getty Images y Corbis y confío en que el hecho de incluir algunas en este blog no suponga una vulneración de los derechos de reproducción.

Como se puede apreciar por los títulos de los diferentes capítulos, son muy diversos los aspectos que se estudian en la relación cineastas-deportistas. La época en la que vivieron una parte de sus vidas tiene una influencia determinante, así como las personas con las que se relacionaron. La década de 30s del Siglo XX y en su conjunto el período comprendido entre las dos grandes guerras fue de una extraordinaria trascendencia. Respecto al lugar en el que se desarrolló cuanto se explica, Hollywood, recibió el mayor aporte de talento de la historia en todos los órdenes, no sólo el cinematográfico y en un espacio de tiempo relativamente corto. 

¿Por qué el libro no llegó a su objetivo, publicarse? 
En cierta manera no era fácil su publicación. Incluir 1027 fotos, bastantes de ellas a toda página, encarecía el proyecto. Fui a Barcelona para gestionar directamente con Getty Images y Corbis su adquisición: en principio, 50 euros por foto, pero tras conversar, 25. Total, de 51350e. a la mitad. Imposible asumirlo. Los intentos con las editoriales Taschen, Anagrama y T&B no dieron resultado. Los libros de cine nunca han tenido gran aceptación en España, salvo contadas excepciones y entrando el país de forma acelerada en una gran recesión, menos, así que el proyecto pasó a mejor vida.

Pasado el tiempo, releyendo lo que escribí y analizándo con la serenidad, he ido encontrando bastantes fallos, todo hay que decirlo. Algunos sorprendentes, de esos que cuando se descubren en lo que hacen otros, te escandalizan. Encontrarlos han supuesto pequeñas dosis de humildad, aunque no es que esté muy necesitado de este tipo de medicamentos.

Y nació este blog, Un Hollywood muy personal, a secas, pero ya por libre, según lo que se me ocurría, con poco orden y menos concierto. 

Os dejo con el sumario, que deja bien claro el espíritu de la obra y las intenciones de su autor, que cual Juan Palomo, lo hizo todo, con lo cual no se desesperó con nadie, excepto consigo mismo.

SUMARIO: