viernes, 19 de agosto de 2016

MÁS ALLÁ DE "PERDICIÓN"...


RODAJES COMPARTIDOS
1939: Remember the night (Recuerdo de una noche), Paramount. Dir.: Mitchell Leisen
1944: Double indemnity (Perdición), Warner Bross. Dir.: Billy Wilder 
1953: The moonlighter (Sombras tenebrosas), Warner Bross. Dir.: Roy Rowland 
1955: There's always tomorrow (Siempre hay un mañana), Universal. Dir.: Douglas Sirk

Si hacemos caso de criterios establecidos y venerados por algunos como parte de las Sagradas Escrituras del Cine, estas cuatro películas -de las cuales, una está en el "antes" y las otras dos en el "después" de "Perdición"- se pueden situar a grosso modo en los siguientes géneros cinematográficos:


Scrawball Comedy (Comedia "desmadrada")


Thriller (Cine Negro)

Western (Oeste)

Melodrama
Pero es sólo una manera de situarlas, dado que en numerosos casos utilizamos dichos calificativos para concretar y somos conscientes de que hay películas que escapan a cualquier intento de clasificación. La época en que se desarrolla la acción, la ambientación, el lugar, el entorno en el que se desenvuelven los personajes y lo que sucede en ellas no es accesorio, pero no es la clave: forma parte de la tramoya del film, por decirlo de alguna manera. 
Lo esencial es un algo casi indefinible conseguido gracias al talento y probada competencia de un director capaz de reescribir el guión -suprimiendo o añadiendo lo que considere oportuno- y con facilidad para conectar con unos intérpretes inteligentes y receptivos, siempre dispuestos a sacrificarse lo que sea preciso para facilitar el trabajo de todos. El producto final es una película, a secas, sin más, y no una película de... Quedará, pues, para la posteridad, desclasificada y como lo que es: una obra representativa de lo que se conoce como Séptimo Arte. O, al menos, como una obra muy apreciable por diversos motivos. 
Y es así, tanto si sus protagonistas bailan, como si planean un asesinato, están en el Oeste o llevan unas vidas cómodas pero infelices. Los protagonistas son personas involucradas en una trama divertida, trágica, apasionante o descorazonadora, pero real, auténtica y capaz de atrapar al espectador en la historia que se les narra e identificarse con las peripecias de esos intérpretes que, por otra parte, se han visto en muchas ocasiones en los papeles más diversos. Es la Magia del Cine, sí, pero sobre todo es la magia de esas personas que dan lo mejor de sí mismas unidas en un esfuerzo común.


Por un lado, un buen guión, talento, saber lo que se quiere y capacidad para hacerlo comprender; 
y, por otro, facilidad para comprender, inteligencia, intuición y compenetración con el equipo. 
Stanwick y MacMurray asimilando los consejos de Leisen, Wilder y Sirk.

Evidentemente, no ocurrió así en las cuatro películas que interpretaron juntos, que pasado el tiempo se siguen considerando "una película de...", por aquello de los clichés. Y, quede bien claro, que no considero algo peyorativo o limitativo de su calidad, el ser una película de género; hay muchas apreciables, incluso muy buenas, pero, entre ellas, algunas poseen ese algo especial que trasciende más allá de un género concreto y que la convierten -como "Perdición", por citar un caso significativo-, en un estudio magistral de personajes, cualquiera que sea la situación en la que se ven envueltos.

Bárbara Stanwick y Fred Mac Murray eran intérpretes puros, sin aspiraciones de escribir, dirigir o inmiscuirse, de una manera u otra, en la labor de los demás. Su registro interpretativo abarcó casi todos los géneros, entre los que se movieron con soltura, excepto cuando el director no estaba a la altura, el guión no daba mucho de sí o la productora no puso a disposición de unos y otros cuanto debía. En cualquier caso, su profesionalidad y su saber estar se mantuvo.




Stanwick era un talento natural, que había iniciado su trayectoria en el mundo del espectáculo a una edad muy temprana, falseando su edad para poder trabajar, y con una facilidad para aprender -viendo y escuchando- que hizo que no le costara pasar de un género a otro o, dentro de una misma película, de un registro al opuesto.

Para Mac Murray no fue tan natural; carecía de las condiciones congénitas de su compañera. Poseía, eso sí, en grado superlativo la capacidad de aprender, profesionalidad y una notable serenidad cuando las cosas se complicaban, facilitando el trabajo de compañeros y técnicos, una cualidad muy apreciada por sus directores y, no digamos, por los productores.

Terminada esta introducción, dejo que sean algunas de las personas que trabajaron con ellos -con diferente grado de responsabilidad- los que den sus opiniones (textos en azul). No existe la misma cantidad de información en todos los casos, pero la conseguida -y la que permanece en mi memoria y en mi biblioteca- es más que suficiente para hacernos una idea muy clara. Por si fuera poco, las imágenes, y en ellas los rostros, hablan por sí solas. 

Francisco "Chico" Day, ayudante de dirección, miembro del Directors Guild of América
Un día Mitch(Leisen) le dijo a Bárbara que por ese día había terminado con ella y se fue. Él trabajó con otros actores y, de pronto, como una hora después, dijo: "Dios mío, necesito otra toma de Bárbara para terminar con ese decorado. Ve a ver si aún está en el estudio". Corrí hasta su camerino y allí estaba, aún vestida y maquillada. Me dijo: "Sabía que íbais a necesitarme otra vez". Resultó que cada vez que la dejaron libre temprano, siempre se había quedado, por las dudas.


A la izquierda, Francisco "Chico" Day, ayudante de dirección en 
Remember the night y en el centro su hermano, el actor Gilbert Roland

Mitchell Leisen,  director de Remember the night: 
El equipo la adoraba. Cuando llegué una mañana, oí una voz desde el puente de los eléctricos que decía: "Vámos. Llevemos este espectáculo de gira". Era Bárbara, estaba allí en la parrilla, charlando con los eléctricos... Tenía un problema de espalda. Rodando la secuencia del establo, el corsé que tenía puesto debajo de su ropa le resultaba muy doloroso. Le decía: "Tienes dos horas hasta tu próxima escena, ¿por qué no te lo quitas y descansas". Y ella repondía: "No, puedes necesitarme". Y se sentaba en el plató todo el tiempo. 
Leisen entre Stanwick y MacMurray

Respecto a MacMurray, añadir que le dirigió en 9 ocasiones, todas como protagonista, es un dato muy elocuente. 

Eleanor Broder, secretaria de Leisen: 
Bárbara estaba allí mientras el cámara les decía a los eléctricos cómo quería las luces. Él les ordenaba: "Un poco más abajo, vuélvela a la izquierda, vuelve aquella otra a la derecha". Una y otra vez. Finalmente Bárbara se puso las manos en las caderas y dijo: "Por Dios, decídete" y estoy segura de que cada eléctrico hubiera querido decir eso toda su vida.

Eleanor Broder en el despacho de Leisen

Si relacionamos este comentario con el de Leisen no es aventurado suponer que, cuando Bárbara charlaba con lo eléctricos en la parrilla, éstos le contaron algunos de sus problemas y ella, al ver al cámara vacilando, además de comprender sus razones, las hizo suyas y decidió intervenir cuando la ocasión lo requiriese.  

Continúa Broder:
Fred era terriblemente tímido y las escenas de amor eran para él las más difíciles. Pero Bárbara sabía cómo manejar el asunto. Durante días antes de hacerla, ella le repetía a todo el equipo e incluso a Fred: "Esto va a ser genial, hacer una escena de amor con Fred". Toda esta broma realmente le irritó y decidió que la iba a hacer bien a pesar de sí mismo. Llegó el día, Fred apretó los dientes y la hizo perfecta.



Billy Wilder:
Cuando hice Perdición, probé a todos los galanes de la ciudad. Incluso me rebajé a probar a George Raft, que es mucho rebajarse... Había un actor llamado Fred MacMurray en Paramount que hacía comedias... Se lo dí para que lo leyera y el dijo:
FMM: No puedo hacer eso.
BW: ¿Por qué no?
FMM: ¡Hace falta actuar!
BW: Mira, has triunfado en la comedia, estás en un momento en el que tienes que detenerte o saltar al otro lado del río y empezar una cosa nueva.
FMM: ¿Me dirá cuando no lo esté haciendo bien?
Estuvo fantástico, porque nadie lo había imaginado en ese papel.







... Stanwick sabía que era un buen material y se aferró a él... No tuve ninguna dificultad, se sabía el guión, los diálogos de todo el mundo. Uno podía despertarla a mitad de la noche y se sabía la escena. Ni un fallo, ni un error; tenía un cerebro maravilloso.





Sólo por esta secuencia ya se merecía Bárbara Stanwick el Oscar.
Si tenemos en cuenta toda la película resulta todavía más incomprensible
que no se lo concedieran. Lo ganó Ingrid Bergman por Gaslight.
El film Siguiendo mi camino, de Leo McCarey, con Bing Crosby,
acaparó los premios. Fred MacMurray ni siquiera fue nominado.

Douglas Sirk, director y doblegador de historias
MacMurray y Stanwick eran ambos excelentes. Pero creo que probablemente había un fallo en la elección de la otra mujer (se refiere a Joan Bennett) y en el guión. Y la otra cosa es que la película necesitaba el color, como estaba previsto... MacMurray era un actor muy bueno y aquí tenía ambigüedadun hombre de éxito pero fracasado en su propio hogar... Stanwick era una excelente actriz. Podría añadir: una de las mejores del lugar. 





Fuentes consultadas:
Mitchell Leisen, de David Chierichetti.
Conversaciones con Billy Wilder, de Cameron Crowe.
Douglas Sirk por Douglas Sirk, de Jon Halliday.
Backstory, entrevistas con diversos guionistas.
Archivos propios.



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