domingo, 3 de julio de 2016

SUSAN PETERS, Segunda Parte

SUSAN PETERS
1921 - 1952

Cuando hice el trabajo "Susan Peters, A NEW STAR FOR YOU", recordaba en el título un trailer promocional de la película "Random harvest", en el que su Estudio, MGM, dejaba claro su confianza en las posibilidades de la actriz. La entrada la publiqué el 28/11/2015, y, para mejor comprensión de ésta es conveniente leer o releer. Parte de la documentación conseguida procedía de la revista chilena de cine, ECRAN

Ecran, fundada y dirigida por el periodista y cineasta Carlos Borcosque, le dedicó frecuentes espacios, en forma de breves comentarios y fotos a partir de sus primeras apariciones acreditadas en la pantalla a principios de los 1940s o cuando su carrera despegó, ya en amplios reportajes dedicados a ella o en espacios compartidos con otras actrices, hasta su prematura muerte en 1952. Era una revista de difícil distribución en España por la férrea censura establecida por el Régimen Franquista al término de la Guerra Civil, con diversos  grados de virulencia a lo largo de los años según los vaivenes del Régimen. Durante las décadas de 1950s y 1960s, conseguí algunos ejemplares en el Mercado de San Antonio de Barcelona, dedicado a la venta de libros, revistas, sellos, cromos y dibujos los domingos por la mañana. Primero, iba a una sesión matinal doble en el Cine Florida y a la salida me iba rápidamente al mercado, situado a muy poca distancia.  

Susan ya aparecía en en reportajes amplios o en espacios dedicados a la moda
o actividades diversa, pero junto a estrellas consagradas, como Bette Davis.


Sin embargo, el nº 897, que descargué de Memoria Chilena (Biblioteca Nacional de Chile), tenía un grave inconveniente: faltaban una página, la de mayor información, de las cuatro en las que Susan hablaba de si misma, en un reportaje titulado, "¡No pretendo un milagro!". Era imprescindible para completar mi trabajo e hice cuanto pude para conseguirla. No ha sido fácil, pero ha llegado a mis manos: ha venido de Chile gracias a Clara Fercovic de la Presa, periodista y experta en comunicaciones. Clara tiene un excelente blog, "Via Margutta 51"Gracias a su empeño y a su generosidad ha sido posible que aclarase ciertas dudas y confirmara algunas impresiones.

El ejemplar en cuestión, con Loretta Young en la portada.

Este collage incluye la portada y las cuatro páginas de la revista enviada por Clara Fercovic
en las que Susan Peters habla de sí misma.


Esa página explica las circunstancias en que se produjo el accidente, la desesperación por tratar de llegar a tiempo al hospital y los momentos siguientes a las operaciones. También, ayuda a comprender algunas de sus decisiones, una vez pasado el accidente, durante los meses de convalecencia y, posteriormente, inmersa ya en la lucha por rehacer su vida personal y profesional. Todo, sin dejar de ser consecuente con su manera de pensar: asumir su nueva situación de manera realista, preservando su independencia dentro de lo posible pero sin hipotecar la vida de los demás.

El accidente: 
... Alguien de la partida se había dejado atrás el rifle... Yo era quien había cobrado mayor número de piezas y me sentía ufana. Íbamos a regresar a casa cuando recordé el rifle abandonado. Salieron a buscarlo varios hombres mientras yo esperaba impaciente en el auto. Como nadie lo hallaba, grité: "Apuesto a que yo lo encuentro". Así fue. Lo tomé creyéndolo descargado. Parece que el gatillo se cogió en una rama. Sentí el ruido de una bala. Recuerdo que me volví hacia mi marido y le dije: "Estoy herida en la espina dorsal, Dick". "No, mi vida", repuso. Poco después yo flotaba entre nubes. Cuando recobré el conocimiento insistí: "No puedo caminar... la bala me atravesó la espina dorsal". No sé cómo lo supe, pero tenía la evidencia de que era así.
Mi marido me metió en el coche y partió en una carrera frenética hasta el hospital. durante los quince primeros minutos me sentí invadida por el pánico: "No viviré hasta llegar a la clínica", me repetía. Pero luego me dije: "No moriré. No es aún el momento... No puedo dejarme abatir por el miedo."
En el Hospital Naval de San Diego me pusieron una inyección y me dormí. Junto con volver a la conciencia, pregunté: "¿Caminaré?" El médico me repuso afirmativamente, y yo volví a perder el sentido.
Cuando desperté de nuevo, repetí la pregunta al cirujano que me había operado (no era el mismo médico que ya me había respondido).
"Sólo si se realiza un milagro", me contestó.... "Como médico sé que usted jamás andará de nuevo..."
Sabía que me decía la verdad y que no andaría de nuevo... Sería el mayor don que Dios pudiera concederme, pero no me hago ilusiones. Creo que los inválidos cometen un grave error al construir su vida en torno a una esperanza que sólo puede realizarse mediante un milagro... Otra inclinación muy propia de los inválidos es tratar de retener a la gente a quien se quiere. Mi primera impresión fue un terrible miedo de que me dejaran sola. Por primera vez en mi vida, yo -que he sido tan independiente- entraba a depender de otros... Si un ser querido quiere volar, le pide que no lo haga, diciéndose interiormente: "¿Qué sería de mí si a él le sucediera algo?" Pero es sólo una protección de motivos egoístas, y no es posible tolerarlos. Cuando se lleva aquel egoísmo al extremo se cae en el defecto de Leah, la protagonista de "Sing of the Ram", una persona dominante que usa su enfermedad como un arma para impedir que los demás lleven una vida normal. Después de todo: no se puede sacrificar a nadie. Si una sufrió el accidente, también debe enfrentar los hechos y sufrir las consecuencias...
 

Su tesón y confianza en sus propias condiciones, que era propio de ella, mujer independiente y luchadora desde muy joven, fue el que le permitió superar la parálisis de sus piernas, animar a quienes la querían cuando pensaban que no sería capaz de superarla -hasta los propios médicos la llegaron a deshauciar-, y recuperar buena parte de sus actividades.
Lo más importante que tengo en la vida -fuera de mi matrimonio con Dick- es mi hijo adoptivo, Timothy Richard, que ya tiene año y medio. Nueve días después de que llegó al mundo se vino con nosotros, y no se me ocurriría pensar que se pudiera querer más a un hijo propio.  


  
En esta dedicatoria Susan agradece a Laraine Day, compañera de trabajo en 
"Keep your power dry" y buena amiga, su apoyo en la adopción de Timothy.  
Laraine Day
En su afán de continuar su trabajo sin aprovecharse de su nueva situación y de la lástima que pudiera despertar, renunció a las facilidades que le daba MGM para proseguir su carrera. El Estudio seguía dispuesto a apoyarla, no en balde había sido la candidata elegida para ocupar un lugar muy destacado como actriz joven. Un lugar que, en apenas tres años ocuparía Elizabeth Taylor. 
Así como resulta casi imposible imaginar a otra actriz o actor interpretando el papel que tuvo un éxito enorme -de los que perduran en el tiempo- en el lugar de quienes lo interpretaron, no me cuesta nada imaginarla en Phater of the bride (El padre de la Novia) o A place in the sun (Un lugar en el sol), papeles que encumbraron con todo merecimiento a Liz Taylor o, más tarde, en (La gata sobre el tejado de cinc). 

En el plano personal, obcecada en su idea de no ser una carga para nadie, renunció al hijo que habían adoptado hacía tan sólo dos años antes y a su propio matrimonio con Richard Quine, que confesó que el divorcio se hizo en contra de su voluntad. Quienes la rodeaban eran personas que la querían, que se veían capaces de compaginar su dedicación a ella con su propia vida; aunque en el caso de Quine, es posible que Peters considerara que la situación terminaría por soprepasar a su esposo. El tiempo transcurrido parece confirmar esta impresión, si tenemos en cuenta que Richard Quine, director de películas de enorme éxito durante los 50s y 60s, entró en una grave depresión cuando su carrera empezó a declinar y se suicidó.


El divorcio supuso una gran sorpresa. en este artículo de Paul Crook, Susan aclara
que fue ella quien lo quiso y explica sus motivos

Esos fueron, en mi opinión, sus grandes errores. Comprensibles, por otra parte, en una persona que, además de estar inválida y con problemas serios de salud, a la hora de tomar decisiones pensaba más en los demás que en sí misma. Dejar voluntariamente MGM, los intentos por encontrar un papel adecuado con otra productora, dedicarse al teatro, con giras extenuantes, cuando su última película, "The sign of the ram", no cubrió las expectativas, o el paso a la televisión, con su forma de trabajo apresurada en aquellos primeros años de funcionamiento, cuando ya su salud estaba muy debilitada, la fueron minando física y espiritualmente. 


Susan Peters era una mujer inteligente, decidida y con una gran fuerza de voluntad. Con facilidad para aprender y una notable capacidad de trabajo. No hubiera tenido más dificultades para hacer otras actividades que las inherentes a su estado físico -que, en esa época, no facilitaba en absoluto la reinserción a las personas discapacitadas-, a la espera de encontrar la película adecuada o una serie de televisión, como probó en sus últimos años. No hay que olvidar que abandonar su carrera de actriz para centrarse en otras actividades ya había pasado por su cabeza al principio de su carrera, cuando los papeles interesantes escaseaban  y pensó en volver a la universidad o a reintegrarse a alguno de los trabajos que le habían permitido mantenerse a sí misma desde muy joven.
 
1940. Foto: William Grimes. Susan Peters en la Universidad.


En mi caso, mi admiración por ella no proviene del hecho de ser unos de esos "amores de cine", que se sienten hacia la actriz -o el actor, según los casos- que nos encandila de niños nada más verla por primera vez en la pantalla y que mantienen encendida la llama de la admiración toda la vida. No hubo lugar: cuando le sobrevino el accidente yo tenía algo más de dos años. La admiración, la simpatía o la ternura, que todos los sentimientos son aplicables, provienen del hecho -aparte de su belleza y valía personal-, de formar parte, como ella, de ese grupo de personas que han sufrido ese hecho decisivo que cambia su vida, cualquiera que sea la gravedad o trascendencia del hecho en cuestión. Y, sobre todo, ver la enorme entereza y realismo con que afrontó la situación, animamando a cuantos la rodeaban, menos capaces de asumirla sin desmoralizarla o abrumarla con unos cuidados exagerados.





 





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