sábado, 30 de enero de 2016

CLARK GABLE & CAROLE LOMBARD

JUNTOS, TODAVÍA MEJOR (1936-1942)
Carole Lombard y Clark Gable llegaron al máximo en sus carreras después de muchos años de duro esfuerzo; el éxito no les vino de la noche a la mañana; pero cuando llegó lo asumieron con naturalidad, sin que alterase su manera de ser. Se unieron en el momento adecuado, después de mantener relaciones sólidas con otras personas y muy asentados profesionalmente. Este trabajo trata de esos años de relación común, entre 1936 y 1942, aunque se haga referencia a momentos de su vida anterior, sin incluir imágenes. Como es habitual en este blog, hago caso omiso de informaciones y opiniones malintencionadas, unas veces formuladas intencionadamente y otras, por la desgraciada tendencia a dar crédito a lo negativo frente a lo positivo, obviando que la personalidad y los actos de la personas analizadas no dan pie a pensar "en negativo", sino más bien lo contrario, no sea que lo positivo o la ausencia de pruebas sobre lo que se da por cierto estropee el trabajo. 
 




Observando las fotos en las que aparecen juntos Carole Lombard y Clark Gable se puede advertir la diferencia que existe en la forma de mirarse entre ellos con la similar en otras parejas del mundo del cine. Según la foto que se escoja se puede descubrir cariño, complicidad, pasión, respeto, guasa, admiración mutua... Y en todas, equilibrio en los sentimientos: los dos se quieren y, en modo alguno, una parte quiere y la otra se deja querer. Me vienen a la memoria, como casos parecidos a ellos, Bárbara Stanwick y Robert Taylor, durante gran parte de su matrimonio, y Paul Newman y Joanne Woodward, en cualquier momento de su vida

Se dijo -y es bastante probable que fuese así- que el empujón definitivo se produjo en el Jock Whitney's High Noon Party de 1936. Carole llegó en una ambulancia y la entraron en camilla. Una entrada espectacular que una comedianta consumada como ella convirtió en un espectáculo original y divertido.
  
Jock Whitney's High Noon Party: La columnista Elsa Maxwell (con barba), Kay Francis, Lombard (recostada), Condesa di Frasso (de monja). Detrás: Delmar Daves, Virgina Bruce, Dr. Martin (con mascarilla).

1) Marion Davies, D. Fairbanks Jr, Lombard, Príncipe Obelenski. 2) Fairbanks Sr. 3) Sra. Bodrero, Sra. Odgen Stewart (abraza a Clifton Webb). 4) Gable, Dorothy Fell, Joan Payson (hermana de Jock Whitney). 5) Condesa di Frasso, Susan Rosemberg, Odgen Stewart. 6) Virginia Bruce, Delmer Daves y Jean Negulesco. De los diversos aristocratas que pululaban por este tipo de fiestas es difícil saber cuales eran auténticos.

Antes de juntarse coincidieron en actos a los que habían sido invitados o por motivos profesionales; como en el caso de la película que protagonizaron juntos, No man of her own (Casada por azar), Paramount, 1932. Durante las semanas de rodaje ya tuvieron ocasión de comprobar que congeniaban. Tiempo después, ya separados de sus respectivas parejas, los encuentros casuales se convirtieron en intencionados, intimaron y cuando decidieron casarse en 1939, tres años después de vida en común, tenían la convicción de que suponía la unión definitiva. En ningún momento tuvieron prisa por hacerlo, pero las presiones de los Jefes de sus respectivos Estudios, principalmente de Louis B. Mayer, acerca de la conveniencia de legalizar su situación, les hizo tomar una decisión que, por otra parte, entraba en sus planes.


Curiosamente, durante su largo y difícil recorrido hasta el estrellato habían coincidido en otros rodajes sin saberlo: Aparecieron, sin acreditación, en los rodajes de The plastic Age (1925), The Johnstone flood (1926) y Ben Hur: a tale of Christ (1926).


La infancia y juventud de Clark Gable fue particularmente difícil. Huérfano de madre a los pocos meses de nacer, la nueva esposa de su padre le cogió cariño y fomentó su vocación de actor en contra de los deseos de su progenitor, de forma que cuando ella falleció, se marchó de casa y se fue con una compañía de teatro itinerante. En Chicago conoció a Josephine Dillon, profesora de dicción, que se convirtió en su consejera y posteriormente en su esposa, ayudándole artística y económicamente. Se trasladaron a Hollywood, en donde él pudo continuar su labor en el Teatro y empezó a intervenir en películas, primero como extra y luego en pequeños papeles, siempre bajo la tutela de Dillon. Ella era consciente de las condiciones naturales de Gable, disciplinado y con capacidad de trabajo y de su facilidad para asimilar las enseñanzas que recibía, fueran las suyas o las de los directores de las obras en que intervenía.


En 1929, su carrera había cobrado un fuerte impulso, con papeles de progresiva importancia. Se divorció de forma amistosa –la relación posterior fue siempre de mutuo respeto y Gable la ayudó en momentos de dificultad- y al cabo de unos meses contrajo matrimonio con Rhea Langham, dama de la Alta Sociedad. Aunque la relación apenas duró tres años, fue suficiente para que Langham terminara la labor de su antecesora en el cargo: la transformación de un diamante en bruto en una verdadera joya. Dillon hizo la parte más difícil, centrada en los aspectos de formación y profesional, mientras que Langham lo pulió en el aspecto social; aunque es evidente que Gable tenía un carisma y unas condiciones naturales fuera de lo común que facilitó la labor de ellas en cualquiera de los apartados. 

La influencia del cambio en los gustos del público como consecuencia de la transformación Cine Mudo-Cine Sonoro y los efectos de la Gran Depresión sobre la sociedad provocó un fuerte cambio en los gustos del público, que a él le afectó de forma muy favorable. Su físico y su estilo, en plena progresión, resultaron determinantes. La gran labor de Josephine Dillon, una excelente profesora de dicción, le dejó en condiciones de aprovechar la oportunidad del Sonoro. Luego, su manera de ser haría el resto, convirtiéndose en muy poco tiempo en el tipo de intérprete que doblega los personajes para adaptarlos a su personalidad.


El estatus de estrella, que en MGM no parecían muy predispuestos a concederle –de ahí que no tuvieran inconveniente en cederlo a otros estudios- lo consiguió a partir del estreno de It happened one night (Sucedió una noche), producción Columbia de 1934 dirigida por Frank Capra, con la que el director, Gable y Claudette Colbert consiguieron el Oscar. MGM le había cedido, como en el caso de No man of her own, una práctica habitual entre Estudios mediante compensaciones económicas o intercambios beneficiosos para todos.


Carole Lombard tuvo un ambiente familiar algo más favorable aunque sus padres se divorciaron, pero su madre, mujer decidida y de fuerte carácter, se llevó la familia a Los Ángeles en 1916, cuando Carole tenía ocho años. Abandonó los estudios y en 1925 firmó su primer contrato cinematográfico con Fox. Fue simultaneando pequeños papeles con otros de mayor importancia hasta recalar en Paramount. No es que Carole Lombard careciera de intensidad dramática, la tenía, pero no se sentía a gusto con la mímica imprescindible en el Cine Mudo, que encontraba exagerada. Era capaz de adaptarse pero no resultaba convincente y los directores lo notaban, por lo que preferían a otras actrices para papeles de cierta importancia. El Sonoro significó para ella que sus condiciones naturales pudieran desarrollarse a la perfección. Su enorme soltura en los diálogos y las réplicas ingeniosas, su capacidad para adaptarse a lo que requerían las situaciones y a los compañeros del reparto y su desenvuelta elegancia fueron un excelente complemento a su belleza.

En 1931 protagonizó con William Powell, Man of the world (Un hombre de mundo). Meses después se casó con él, aunque el matrimonio sólo duró dos años. Posteriormente tuvo una relación sentimental con el cantante y actor ocasional, Russ Columbo, fallecido de forma misteriosa en 1934 a consecuencia de un disparo.   



Carole Lombard aportó la mayor parte del capital para comprar el extenso Rancho Encino al director Rex Ingram (Raoul Walsh, según otras fuentes). Gable, después de divorciarse de su segunda mujer, Rhea Langham, no disponía de suficiente capital. El motivo principal de adquirirlo fue vivir en contacto con la naturaleza, dedicándose a la cría de caballos de pura raza, animales de granja y a cultivar sus propias frutas y hortalizas. A disfrutar, en suma, de un tipo de vida que a Gable le gustaba y que ella adoptó como propio.
 
Esta foto de Alfred Eisenstaedt muestra a una Lombard bromista, actitud bastante habitual en ella, que, por otra parte, no se andaba con remilgos a la hora de "soltar la lengua". Lo cierto es que terminó tirando mejor que Gable y algunos compañeros de tiro, fuera al plato o de caza.

La serie de fotos que siguen a este párrafo son un compendio de ese tipo de vida, como lo serán las dedicadas al aspecto social, que colocaré en el apartado correspondiente. En todas, quienes las vean pueden creer que exagero al considerar a esta pareja como algo especial, sea llevado de la simpatía o de la admiración a su trabajo y por su forma de ser. Es posible, pero se me hace muy cuesta arriba aceptar, como suele ser habitual, que entre diversas versiones para juzgar una situación o unas personas, se opte generalmente por la interpretación malintencionada, negativa o incluso difamatoria. La mayor parte de las fotos son de autor desconocido, bien porque fueran obra de un fotógrafo del estudio, de una revista o del lugar al que hubieran acudido, hipódromo, café, club, etc., sin que constara el autor. En algún caso, las hicieron los propios protagonistas, aficionados a la fotografía y al cine amateur. 















Sólo tuvieron seis años escasos para disfrutar de su felicidad. Sin embargo, serian extremadamente gratificantes tanto para ellos como para cuantos tuvieron la fortuna de compartirlos, fueran amigos, familiares o simples conocidos. Entre ellos sobresalía el matrimonio formado por Bárbara Stanwick y Robert Taylor, con quienes compartían su afición por la vida al aire libre, los caballos, el golf, el tenis y la caza.

Estas fotos las hizo Carole Lombard. Las dos parejas se llevaban muy bien y compartían aficiones comunes.

ALICE MARBLE 
La gran tenista Alice Marble, gran amiga de Lombard, congenió con Gable nada más conocerlo. Marble, ganadora de varios torneos pertenecientes al Grand Slam y número 1 indiscutible en 1939, vio interrumpida su trayectoria amateur por la Segunda Guerra Mundial, motivo por el cual se convirtió en profesional, centrando su actividad en su país. Cuando en Diciembre de 1941 Estados Unidos entró en guerra se involucró en el esfuerzo, como era habitual en cuanto hacía, hasta el punto de aceptar una misión de espionaje que puso en peligro su vida.

Siempre que les era posible asistían a los partidos de competición de Alice Marble. En la primera foto, Marble espera el comienzo de su partido en el Beverly Hills Tennis Tournament de 1938 y en la segunda con Helen Jacobs, en la final de un campeonato en pista cubierta. Marble sucedió a Jacobs como nº 1.

Marble y Lombard compartieron entrenadora, Eleanor “Teach” Tennant, aunque los objetivos y la preparación de ambas fueran bien distintos. La personalidad de Marble coincidía en ciertos aspectos con la suya: eran inteligentes, decididas, prácticas y adelantadas a su tiempo en numerosas cuestiones. El sentido del humor y la desenvoltura de Lombard fueron un perfecto complemento para la forma de ser de Marble, que había tenido que pasar por duras experiencias desde muy joven. La ayuda de Lombard fue fundamental para que Alice Marble pudiera superar las graves consecuencias de una enfermedad que estuvo a punto de acabar con su carrera.


En un próximo trabajo para el blog, El color del maldito cristal, quienes no conozcan a 
Alice Marble tendrán oportunidad de conocer a esta extraordinaria mujer.



Cuando se trata el tema de los intérpretes una pregunta parece inevitable: ¿Están siempre "en pose", hasta en la vida cotidiana, o la sensación de felicidad y compenetración que transmite la imágen es real? 
No creo que en su caso esa constante sensación de complicidad fuese fingida o fruto de un trabajo eficiente del Departamento de Publicidad de MGM y Paramount, prestos a aprovechar cualquier ocasión para fomentar la visión idílica de pareja perfecta. No importa si posaban o se trató de una foto "casual": en cualquier circunstancia y ambiente, al principio de su relación y conforme transcurrió ésta, se comportaron como era habitual en ellos

La vida en Encino se simultaneaba con una intensa vida social y profesional, hasta la muerte de Carole Lombard en un accidente de aviación en Enero de 1942. Joan Crawford comentó -años más tarde de la muerte de Gable-, que ambos habían cambiado al unirse, sin renunciar a su manera de ser, que resultaba evidente que era lo que más les había atraído. Crawford, mujer inteligente y de gran experiencia, había tenido una relación amorosa con él y compartido protagonismo en diversas películas, conservando una gran amistad a partir de entonces. Desveló en dicha entrevista que cuando murió Lombard él acudió a su casa trastornado. Estaba irreconocible y tan fuera de sí que se asustó y su principal preocupación fue no dejarlo solo en ningún momento para evitar que pudiera hacer algo irreparable, tal era su estado de desesperación. En su opinión, nunca volvió a ser el mismo. 

Por las fotos, quienes las vean podrán juzgar por sí mismas las expresiones de la pareja y valorar lo que hay de verdad o mentira en cuanto puedan leer acerca de ellos -sea en este trabajo o en otros- apoyándose, por supuesto, en sus propias experiencias con otras personas, a título comparativo. Porque eso eran Lombard y Gable, personas, no lo olvidemos, por muy famosas que fueran y dotadas para su trabajo de condiciones excepcionales. Y capaces de ser fieles a sus convicciones y a la persona que amaban por muy fuertes que fueran los intentos por apartarles de su camino. Ni más, ni menos que como le puede ocurrir a personas normales y corrientes con convicciones firmes.













En el apartado profesional hay algo que es digno de resaltar porque se trata de un caso muy poco frecuente en un matrimonio de estrellas: mantuvieron carreras independientes, sin protagonizar ninguna película juntos -excepto la ya citada- y sin que los éxitos de cada parte ensombrecieran lo más mínimo los de la otra; es decir, ni rastro de celos profesionales. Compartieron los éxitos de cada uno como si fueran propios, haciéndose compañía en los rodajes cuando no trabajaban simultáneamente. Su felicidad como pareja se trasmitía a su propio trabajo. Un buen ejemplo está en la Gala de presentación de Gone with the wind (Lo que el viento se llevó, Selznick International - MGM), celebrada en Atlanta en 1939, un triunfo absoluto para Clark Gable que Carole Lombard disfrutó como si fuera propio. Entre las fotos, se puede apreciar dos recorridos multitudinarios en coche, el trayecto desde el aeropuerto y la llegada a la sala de la premiere, con las calles abarrotadas  y la policía casi impotente para contener al público.












APUNTE FINAL


¿Por qué esta foto (que me encanta) para finalizar? Porque refleja a la perfección buena parte de lo que he pretendido explicar. Posiblemente la hizo un fotógrafo del lugar en el que estuvieran o de alguna revista, siempre a la busca de algo noticiable. Lombard y Gable están intrigados por algo que están viendo, posiblemente a un operario de focos o tramoyista que hace algo que puede ser peligroso. Él parece estar preguntándose si se va a caer o no, mientras ella, parece entre intrigada y la divertida

NOTA
Hay bibliografía y fuentes consultadas, cómo no. Pero, ¿para qué las voy a poner si -como casi siempre- no me parece fiable parte de lo que encuentro y en ocasiones me consta que es erróneo? 

Y un ruego final: no seáis reacios a expresar vuestra opinión sobre este trabajo, cualquiera que sea la valoración que os merezca. 

Y a los visitantes extranjeros, sea  ingleses, rusos, chinos, franceses o alemanes -por citar los más asiduos del blog después de los españoles- pues ya me espabilaré para traducirlos.
   

5 comentarios:

  1. Ya se sabe, Eugenio... Esto es Hollywood. La frontera entre la realidad y la ficción no está en la pantalla ni en las imágenes, sino en la mirada del espectador, sea cinematográfico o simplemente observador de la vida ajena. Más allá de las intenciones, hoy ya solo nos queda la imagen estática de las fotografías. No valen ni biografías ni crónicas porque todas ellas esconden intenciones. ¿Qué podemos hacer? Abandonarnos en la butaca de un cine y dejarnos llevar por las imágenes en movimiento, el relato visual; o deleitarse en las fotografías, como con un álbum familiar, mientras entre las caras de Lombard y Gable, tu voz nos hace descubrir la figura de Alice Marble, cuya amistad con Lombard nos dirà mucho más de la actriz que los ríos de tinta que en su momento corrieron para descubrir enigmas... o crearlos.

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  2. Magnífico recorrido por la biografía de dos grandes de Hollywood. Enhorabuena.

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  3. Esa es una de las claves, Enric, "descubrir enigmas... o crearlos". Descubrir enigmas está nuy bien, pero a muchos descubrir la realidad les fastidia porque les estropea un reportaje o una biografía, que se pretendía hacer más interesante y espectacular. Entonces, se deja a un lado la realidad y se inventa una historia más atrayente. Lo que ocurre que ante la voracidad de los inventores de escándalos, no queda bicho viviente (ni difunto) que se salve de la difamación y al final resulta que son capaces de "descubrir" la doble vida de la Madre Teresa de Calcuta.

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  4. Gran reseña sobre esta pareja a la que yo admiro profundamente, tanto por su carrera en el cine como por el amor que, es tan obvio, sólo un necio se atrevería a cuestionar.

    Nunca sabemos lo que el destino nos deparará, pero bien es cierto que durante esos seis años en los que disfrutaron juntos de la vida, se forjó una historia de amor maravillosa, que tal vez se haya reanudado allá donde se encuentren ( es que soy una romántica)

    Magníficas fotografías! Saludos

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  5. Las valoraciones sobre personas y actitudes han cambiado tanto que ser romántico se ha convertido en algo así como, ingenuo o ajeno a la realidad, y ser buena persona, en tonto de capirote. ¡Qué le vamos a hacer, allá ellos, los buscadores de miserias, que si no las encuentran, se las inventan. Ya sabemos que tras una pareja "ideal" puede haber algo oscuro. Pues, sí; como en nuestras propias vidas o en las de las personas que apreciamos. Pero ni lo ignoramos, ni nos regodeamos en ello. Nosotros, los que vemos a las personas en su totalidad, seguimos otro camino.

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