martes, 27 de enero de 2015

RUBY, MISSY, STANY, BÁRBARA




INTRODUCCIÓN

El comienzo de este trabajo sobre Bárbara Stanwick no es el habitual en lo que publico, pero en este caso es adecuado porque a través de las opiniones de una persona, el director Fritz Lang, queda muy clara la forma de ser de la actriz en el plano profesional e, indirectamente, en el personal. Están extraídas de unas conversaciones del director con Peter Bodganovich -escritor y más tarde, también director- al analizar la película "Clash by night", de 1952. Éstos son los párrafos en los que Lang se refiere a ella:
…"Fue maravilloso trabajar con Bárbara Stanwick, Robert Ryan y Paul Douglas… pero no fue fácil trabajar con Marilyn Monroe.”
...“Recuerdo que Bárbara tenía una escena muy difícil en un patio, colgando ropa de una cesta de lavado y diciendo sus diálogos. No que colgara algo y después dijera una frase, sino haciendo las dos cosas a la vez. Y Marilyn tenía una o dos frases en la escena que equivocaba constantemente. No oí a Bárbara una sola protesta; fue muy amable con ella. Paul Douglas la odiaba.”
… "los periodistas venían a la hora de comer, y como Bárbara era la estrella, todo el mundo intentaba asegurarse de que fuera entrevistada. Pero los reporteros decían: “no queremos hablar con Bárbara, queremos hablar con la chica de las tetas grandes”. Otra mujer se hubiera puesto furiosa. Bárbara, nunca. Sabía lo que estaba ocurriendo”.
... “Jerry Wald quería darle a Marilyn carteleras de estrella tan grandes como a los otros. Douglas dijo: “Nunca daré mi consentimiento; ¡nunca!” Ryan no dijo nada, pero Bárbara dijo: ¿Qué quieres?: es una estrella naciente”. 

Con Fritz Lang en un descanso del rodaje de "Clash by night": sintonía total.
Cuando dialogan dos personas inteligentes, sensatas
y abiertas a lo que escuchan, siempre se entienden.  

RUBY

La vida de Ruby Stevens, el verdadero nombre de Bárbara Stanwick hubiera dado para una espléndida película biográfica. Nació en 1907 y fue la menor de cinco hermanos. Su madre murió atropellada por un tranvía cuando tenía cuatro años. Meses después su padre se fue a trabajar al canal de Panamá, dejándolos a cargo de la beneficencia pública. Vivió en diferentes casas de acogida, de las que se escapaba, y a los ocho años pudo irse a vivir con su hermana Mildred, que trabajaba como corista. De ella aprendió a bailar y los movimientos para moverse en un escenario. En la temporada de verano la acompañaba en las giras, mirando entre bastidores la forma de bailar de las figuras del conjunto.
A los trece abandonó la escuela y empezó a trabajar como empaquetadora. El sueldo le permitió tener cierta independencia económica. Pronto se hizo evidente que su inteligencia y facilidad para aprender estaba muy por encima de sus compañeras de trabajo. Trabajó de telefonista, aprendió mecanografía y consiguió trabajo en la Remick Music Company. También allí destacó y atrajo la atención de uno de los gerentes, que le puso en contacto con un productor musical, para el que hizo una prueba en su Club. Estuvo unos meses y consiguió entrar como corista en el espectáculo de Florence Zigfield, con quince años. Su hermana Mildred se oponía a que se dedicara a las variedades, pero Ruby se sabía con condiciones y no se dejó convencer. En realidad, eran sus primeros pasos con vistas a llegar a Broadway como actriz de teatro y de cine en Hollywood, sus metas desde muy jovencita.

Peinado, maquillaje y vestuario apropiados
para aparentar más edad.


Bastante más que "chica de coro"
Un reportaje sobre Variedades en Artist and Models Magazine.
Todavía era Ruby Stevens.


El aro, el banquito y el manto eran elementos esenciales en las fotos de estudio de 
Alfred Cheney Johnstone, especialista en fotografiar a las artistas de Zigfield 
y a actrices de cine y teatro, como Gloria Swanson,
Norma Shearer 
y Paulette Goddard, siendo muy jóvenes.

Estuvo dos temporadas en el espectáculo de Zigfield y los dos años siguientes en clubs nocturnos, simultaneando el trabajo con el de instructora de baile en un club de la Texas Guinan, en donde trabó amistad con el pianista Oscar Levant, con quien años más tarde coincidiría en Hollywood. En 1926, Billy La Hiff, dueño de un club nocturno le presentó al empresario teatral Willard Mack, que estaba completando el reparto de “La soga” y buscaba una actriz para el papel de una corista. La Hiff convenció a Mack para que le hiciera una prueba, con el argumento de que nadie mejor que una verdadera corista para interpretar el papel. Pasó la prueba con éxito, pero la obra no tuvo un buen comienzo. Sin embargo, fue suficiente para que Mack viera claras las grandes posibilidades de Ruby, que  no sólo no desentonaba con sus compañeros de reparto sino que incluso destacaba en sus breves intervenciones. Decidió suspender las representaciones, ampliar el papel de ella, dotándolo de mayor dramatismo, y volver a estrenar semanas más tarde. La obra se convirtió en uno de los éxitos de la temporada, con cerca de 200 representaciones.
Ruby Stevens daba paso a Bárbara Stanwick, nombre artístico compuesto del nombre de su personaje en la obra y el apellido de otro.

Una escena de "La soga" con el protagonista, el actor Rex Cherryman,
con el que mantuvo una relación amorosa.
Es posible que quienes le facilitaron el acceso a las Variedades y a  Zigfield Follies y, más tarde, al Teatro no lo hicieran por amor al arte, o llevados de la simpatía o la ternura que les despertaba una chica tan joven, pero Ruby, con dieciséis años era ya una mujer de recursos, inteligente, con carácter y muy capaz de nadar en aguas turbulentas. Se podría decir que cuando algunos de los tiburones iban, ella ya volvía, aunque alguna de las travesías debió llevarse algún mordisco...
Su trayectoria posterior deja bien claro que, cualquiera que fueran las circunstancias por las que tuvo que pasar, si le hicieron mella no le impidieron seguir su camino y convertirse en una actriz muy completa y una excelente compañera, con una capacidad de comprensión y una paciencia franciscana capaz de aguantar sin inmutarse las torpezas de algunos colegas, fueran actrices, actores o directores.


BÁRBARA

Conoció al actor Frank Fay, con el que se casó, quizá viendo en él una mezcla de marido y padre. Precisamente se lo presentó Oscar Levant, hecho más que sobrado para que Bárbara le hubiese retirado la amistad, pero, a lo que parece, no se lo tuvo en cuenta.
Aceptó una propuesta para hacer cine en Hollywood. Fue el principio de su carrera y también la confirmación de que su marido era un actor que no interesaba a nadie; violento, machista y con más afición a la bebida y a dirigir la carrera de su esposa y vivir a su costa que encauzar la suya. Bárbara podía ser muy comprensiva y paciente, pero no tanto como para aguantar a semejante cenutrio, así que se divorció de él. A mí, particularmente, me resulta incomprensible que una chica tan lista no fuera capaz de darse cuenta y, encima, se casara con él. Fay llevaba escrito en la cara su verdadera personalidad. 
Es posible que las únicas interpretaciones buenas de Fay como actor fueran las que hizo a Stanwick para convencerla de que era el marido ideal para ella...


El primer marido, un pesado lastre, que había visto claro que era mucho mejor 
hacerse manager su esposa que dedicarse a su propia carrera. he leído en varios sitios 
que la película "A star is born" ("Ha nacido una estrella") está basada en ellos,
pero me parece una solemne tontería.

Como persona es difícil encontrar una opinión negativa sobre ella, aunque debe haberlas, faltaría más. Como profesional creo que debe ser imposible. Otra opinión de peso, la del director Billy Wilder, que no era precisamente de los que se mordían la lengua al referirse a sus colegas.
En conversaciones con Cameron Crowe, (periodista, guionista y más tarde director de, entre otras, “Jerry Maguire”) analizando "Double indemnity" ("Perdición"), un personaje escrito por Wilder para ella:

"... Ensayé con ella una o dos veces como máximo, y no era muy distinto de lo que ella había pensado. Era una mujer extraordinaria. Cogió el guión, le gustó desde el principio... Con Stanwick no tuve ninguna dificultad. Y se sabía el guion y los diálogos de todo el mundo. Uno podía despertarla a mitad de la noche y se sabía la escena. Ni un fallo, ni un error; tenía un cerebro maravilloso..."

RUBY, BÁRBARA y yo

De jovencito vi a Bárbara Stanwick en varias películas, sin enamorarme de ella, supongo que porque la veía como una señora mayor e incluso, en algunas fotos se parecía a mi madre, por el peinado, el físico o la manera de vestir. Sólo se llevaban dos años y habían crecido y hecho mayores en épocas parecidas. Digamos que "se daban un aire"...

"Clash by night". Sólo tenía 45 años y quizá el papel lo requería,
pero tampoco había necesidad de encasquetarle ese peinado...
Mis amores de los 50s eran Audrey Hepburn y Janet Leigh, mayores que yo pero de una edad más cercana. Sin embargo,  mi subconsciente retenía su imagen y cuando la volvía a ver, fuera en una película o en una revista, atraía mi atención. Más adelante, la memoria me devolvería las imágenes retenidas. No me ocurría con otras actrices de parecida edad o categoría, como pudieran ser Bette Davis o Joan Crawford, a las que me acercaría muchos años más tarde, aunque de otra manera.
Pasado el tiempo, unas y otras permanecen en el recuerdo de muchas personas, la mayoría de las cuales nacieron en los albores de su carrera o cuando ya habían fallecido. Es el mejor ejemplo de su valía, más allá de cánones de belleza, modas, “redescubrimientos” comerciales y endiosamientos gratuitos.
Las películas realizadas a partir de principios de los 50s y hasta que se dedicó exclusivamente a la televisión, únicas vistas en el momento en que se estrenaron, eran tan sólo una parte minúscula de su carrera y un reflejo muy difuminado, por lo tanto, de su personalidad. Cuando tuve oportunidad de ver las películas de Stanwick realizadas entre 1930 y 1945; cambió de una manera radical mi forma de verla.
En cualquier caso, yo todavía no había llegado a ese punto de madurez que permite analizar el trabajo de una persona a través de la labor de toda una vida y no sólo de una parte de ella. Es decir, ver el bosque, no unos cuantos árboles, sin dejarse influenciar por la simpatía hacia la persona y su atractivo. Cuando el interés por conocer va más allá de lo profesional e incluye lo personal.
Si yo, en vez de nacer en 1942 lo hubiese hecho veinte o treinta años antes -cualquiera que fuera la época, entre 1907, su nacimiento, y 1920, por situar un límite razonable- Bárbara Stanwick hubiera sido uno de mis Amores de Cine, ya que habría ido creciendo al unísono con ella y el impacto que recibí, muchos años después, se hubiera producido a su debido tiempo.

Henry Fonda, un excelente actor, devorado en pantalla por Stanwick.
Cuando vi la película me pareció que Fonda se empequeñecía por momentos...
El descubrimiento y fulminante enamoramiento se produjo a través de una foto vista en una revista extranjera de cine -comprada “de extrangis” en el Mercado de San Antonio, en Barcelona- y de una de las películas proyectadas en un ciclo dedicado a ella en TVE, concretamente,  “The lady Eve” (“Las tres noches de Eva”), 1941, dirigida por Preston Sturges. Luego, no recuerdo si en el mismo ciclo o en otros momentos, llegarían “Stella dallas”, “Ball of fire”, “Unión Pacific”  y muchas más, alguna de las cuales las había visto de adolescente, pero que ya contemplaba con otros ojos y muy diferente sensibilidad, con la que ya me ví sus últimas interpretaciones en Cine, especialmente, “Walk on the wild side” (“La gata negra”), en donde, rodeada de excelentes actrices, uno cree que su papel debió tener mayor protagonismo, aunque fulminar a Laurence Harvey del reparto tampoco hubiera estado de más…


Buenas películas unas, aceptables otras y nunca, malas, aunque en  algunas lo único bueno fuera ella y algunos de los componentes del reparto, a los que hacía mejores de lo que eran; como las grandes figuras del futbol, como Ladislao Kubala, Alfredo Di Stéfano o Johan Cruyff, capaces de hacer parecer buenos jugadores a auténticas mediocridades y –nótese la similitud con Bárbara- hacerlo con naturalidad, de forma que ni ellos ni la mayoría de los espectadores se dieran cuenta.
Simultáneamente, se añadiría la indagación sobre su vida personal, la búsqueda de unas posibles memorias, de biografías o de entrevistas. También, el apartado dedicado al deporte, éste último con vistas a reservarle un capítulo de mi libro, junto a su segundo y último marido, Robert Taylor, experto aviador.

MISSY

Robert Taylor con su avión, Missy, en honor a su esposa. 

Al ver algunas de las fotos de los primeros años de su matrimonio resulta evidente que formaban una pareja muy compenetrada, aunque ella, por razón de edad diera mayor impresión de madurez. Diferente a la formada por sus buenos amigos, Lombard y Gable, en donde era difícil decir quien protegía a quién. Fueron los matrimonios de dos parejas que llevaban muchos meses de vida en común y les iba muy bien como estaban, pero a raíz de un reportaje publicado en una revista sobre las parejas que, como otras,  vivían en situación irregular, recibieron un "toque" de sus respectivos Estudios, a fin de que regularizaran su situación.


A mí esta foto me encanta, como la mayor parte de aquellas en las que están juntos. En las actuales fotos de pareja que se publican, rara vez encuentro la sensación de complicidad, de amor compartido que se nota entre ellos. ¿Una parte amaba y otras se dejaba amar?
Pasa en muchas parejas y las imágenes, implacables, lo delatan. En ésta, si pasaba, tardó en ocurrir.

¿Se celebraba el primer año como pareja?

Eran asiduos a las carreras de caballos en Santa Anita y en Del Mar, especialmente en las que participaba algún trotón de la cuadra de Clark Gable y Carole Lombard,
de quienes eran muy buenos amigos. Un cuarteto muy compenetrado,
de personalidades muy diferentes pero que encajaban entre sí.


La foto es del Getty Archive, pero la autora fue la actriz Carole lombard, esposa de Gable. Supongo que John Kobal  la adquirió para su colección y luego Getty compró la colección. 

No es que fuera una gran practicante, pero le divertía jugar al tenis y le gustaba ver los partidos de deportistas profesionales o de conocidos suyos en campeonatos de artistas. Carole Lombard, buena amiga suya, entrenaba con Eleanor “teacher” Tennant, entrenadora de la gran campeona Alice Marble. A Bárbara le divertía verla entrenar -o como se tomaba los entrenamientos- y luego jugaba con ella. 
No jugaba tan bien como Ginger Rogers o Jeanette Mc Donald 
porque no pretendía participar en campeonatos, sino, simplemente, 
hacer deporte y divertirse, sin afán competitivo.


STANY

Una foto promocional en el set de "The lady Eve"
Frank Capra, en su autobiografía, a propósito de la preproducción y rodaje de “Ladies of leisures” (“Mujeres ligeras”), producción Columbia de 1931:

“… Luego apareció Bárbara Stanwick, destinada a ser adorada por todos los directores, actores, equipos y extras. En un concurso de popularidad de Hollywood ganaría el primer premio sin siquiera alzar las manos”.

Lo curioso del caso es que en el primer encuentro saltaron chispas entre ellos porque Capra, que no la conocía, quería a otra actriz y Stanwick, en la entrevista, advirtió su rechazo y se fue hecha un basilisco. Pero Capra vió un montaje de secuencias de tres minutos de “The noose” y cambió radicalmente de opinión, pidiéndole a Harry Cohn  (propietario de Columbia) que se olvidara de su petición de actriz protagonista y contratara a Stanwick. 

“… Debajo de su hosca timidez hervían los fuegos emocionados de una joven Duse (Eleonora), o de una Bernhardt (Sarah). Ingenua, no sofisticada, sin importarle el maquillaje, el vestuario o la peluquería. Aquella chica del coro podía aferrarte el corazón y hacértelo pedazos…” 

"The noose", la interpretación de Stanwick que hizo cambiar
de forma radical a Frank Capra su opinión sobre ella.



En "Ladies of leisure", su primera película con Frank Capra
Y otra opinión de peso: la da del escritor Niven Bush, autor y guionista de "Duelo al sol" y de otros éxitos, en una entrevista concedida a David Thomson en 1983, en la que charla sobre el film, "The furies", dirigida por Anthony Mann en 1950. Estaba basado en una novela suya, pero de la que se desentendió después de vendérsela al productor Hal Wallis. Dice Bush, a propósito de las dotes de Stanwick como amazona, a pesar de lo cual... Veamos lo que explica : 

"... creo que la Stanwick debería haber sido mejor dirigida, y que las secuencias de exteriores deberían haber sido mejor llevadas. Colocaron a la Stanwick en un caballo palomino de culo gordo que apenas podía caminar como un pato. Tenían miedo de que ella se cayese o algo así. La podían haber subido sobre un caballo de verdad; era muy buena amazona... Wendell Corey era muy insulso. Para ese papel necesitaban un tipo muy enérgico... Creo que la Stanwick quedó muy decepcionada. Más tarde participó en otro western que hice -y que nunca he visto- llamado "The moonlighter" (1953). 

En mi opinión, la mala dirección pudo deberse a que Anthony Mann todavía no le había cogido el pulso a los westerns, de los que más tarde sería un consumado maestro. Tres o cuatro años después y con James Stewart, su actor favorito, en vez de Wendelll Corey, "The furies" hubiera sido muy diferente, Bárbara Stanwick no hubiera quedado tan decepcionada y es bastante probable que le hubieran proporcionado un caballo en condiciones.

Montar a caballo era habitual siempre que se presentaba la oportunidad.

Sobre el OSCAR (Academy Awards)

Cuatro veces nominada como mejor actriz y ninguna vencedora. Es cierto que en casi todas las ocasiones fueron magníficas actrices, quienes se llevaron el galardón, pero, pasados los años creo que en dos de las ocasiones fue una injusticia y en una de ellas, un absoluto despropósito.

En 1937 ganó Luise Rainer, por “La buena tierra”. Con todos mis respetos a la ganadora por su interpretación de blanca reciclada a china, no hay punto de comparación con la de Bárbara en “Stella Dallas”. No deja de ser curioso que la Academia, tan propensa a premiar melodramas superlativos (o personajes afectados de enfermedades diversas), no lo hiciera en esa ocasión.

En 1941 la agraciada fue Joan Fontaine, por “Suspicion”. Si, era una película apreciable, de Alfred Hitchcock, pero sinceramente Fontaine hacía el mismo papel insulso que haría durante la mayor parte de su carrera… Bárbara estaba nominada por “Ball of fire”, una comedia y un personaje diametralmente opuesto al de “Stella Dallas”. Howard Hawks, el director, no estuvo particularmente inspirado y Billy Wilder, todavía guionista, hubiera hecho una película mucho mejor con su guion (coautor con Charles Brackett). En cualquier caso, la intepretación de Stanwick fue muy superior a la de Fontaine. A decir verdad, cualquiera de las otras tres nominadas (Bette Davis, Greer Garson y Olivia de Havilland) lo merecían más que la ganadora.

En 1944, Bárbara Stanwick era nominada por un papel que no tenía nada que ver con los dos anteriores: la perversa protagonista de “Double indemnity” (“Perdición”). Ganó Ingrid Bergman por “Gaslight” (“Luz de gas”). La Historia y los millones de espectadores que han visto ambas interpretaciones durante décadas no creo que tengan muchas dudas sobre quién debió ganar.
Billy Wilder, a pregunta de Cameron Crowe:

En 1948, ganó Jane Wyman por “Belinda”, mientras que Bárbara estaba nominada por “Sorry, wrong number”, dirigida por Anatole Litvak, otro ejemplo de su extraordinaria capacidad interpretativa, el de una mujer aterrorizada. Hubiera podido ganar, pero en este caso lo encuentro más razonable, verla aterrorizada por un tarado resulta chocante, pero fue capaz de conseguir que resultara convincente. Las otras nominadas fueron Ingrid Bergman, Olivia de Havilland e Irene Dunne.

Pudo haber sido nominada en bastantes más ocasiones, pero hay una particularmente notable: 
“Clash by night”, RKO 1952, dirigida por Fritz Lang y producida por Jerry Wald. La opinión de Lang sobre Bárbara, mencionada al principio vale la pena contrastarla con la visión de la película.
Por cierto, Jerry Wald se salió con la suya –¿o fue cosa de Marilyn, que lo persuadió?- y las letras de Monroe eran tan grandes como las de los restantes intérpretes. Es de suponer que a Paul Douglas, hombre visceral, le sentara como un tiro y no consta si al final hubo que sujetarlo para que no estrangulara a Marilyn. En los años siguientes la cola de posibles estranguladores crecería de forma notable…

Pero esta es otra historia y la que toca ahora, aunque llega a su fin, es de la esta maravillosa actriz que, por muchos años que pasen permanecerá en el recuerdo de quienes vean sus películas.
APUNTES FINALES
Como era de suponer, el productor Jerry Wald se salió con la suya:
el tamaño de las letras de Marilyn fue el mismo.

DOS CABALLOS PARA BÁRBARA

Bárbara con "el caballo de culo gordo que apenas podía andar como un pato",
en "The fueries", con el "insulso" Wendell Corey. Realmente, 

quien escogió a Corey como protagonista sentenció al fracaso la película. 
Era un buen actor, pero no encajaba en el personaje ni con calzador.
También puede ser que a ella le pusieran un caballo más pequeño 
para que no se notara tanto que allí el pequeño era Corey.


El caballo de "The moonlighter" ya era otra cosa, y no hace falta ser un experto 
en caballos para darse cuenta de que, subiera o bajara de él 
o lo llevara al galope Stanwick lo hacía con gran estilo. 
Y no era necesario subirla a una caballo inválido para evitar un percance. 
Con Fred Mac Murray coincidió en varias películas, de estilos muy diferentes. 
En todas formaron una excelente pareja.
La mayoría de las fotos pertenecen a los archivos Corbis y Getty y, en cuanto logre localizar los nombres de todos los fotógrafos que las hicieron -de los que sólo tengo una parte y está pendiente de confirmar alguno-, lo añadiré.
En cuanto a algunos de los textos, están en las memorias o conversaciones mencionadas -está en color- y una mínima parte en Wikipedia, aunque esto último con variaciones para corregir inexactitudes.  






























5 comentarios:

  1. Con Barbara me ocurría más o menos lo que a ti: a diferencia de otras actrices, la veía como una señora mayor. A mí no me recordaba a mi madre sino a mi abuela, que además nació el mismo día que ella. Fue más tarde, viendo sus películas de los años 30, cuando la redescubrí y me di cuenta del enorme talento que tenía.

    Me gusta el enfoque que le has dado a este monográfico, y las fotografías son una delicia; algunas no las había visto nunca.

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    1. Me alegro de que te haya gustado. Como crecí en una época lamentable en muchos aspectos, el acceso a la cultura, fuera a través del cine, la prensa, el teatro o la literatura era complicado o imposible. Estaban los simulacros "autorizados", la mayor parte de los cuales se los llevó el viento a partir de 1975, aunque -mala hierba nunca muere- proliferen nuevos elementos.
      Respecto al enfoque, es que considero que debe ser así. no se puede comprender a una persona, o al menos yo no soy capaz, sin verla en su totalidad. Otra cosa es que huya, como de la peste, de rumores más o menos malintencionados.

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  2. Aunque algunos actores y actrices me atraen más que otros, no puedo vivir sin ninguno de aquellos intérpretes que poblaron las pantallas de nuestra infancia y adolescencia. Los de mi generación tuvimos la suerte de poder ver todo el cine; el de nuestra época y el que nos lleva hasta los inicios. Fue la ventaja de no tener demasiadas opciones donde escoger.

    Leer artículos como este, Eugenio, me producen un tremendo placer. Es como si me contaran secretos de familia. Si además están escritos con buena letra y con una voz que ya nos empieza a ser reconocible, el relato se convierte en aquel dulce rumor de voces que alcanzaba nuestros oídos antes de traspasar la cortina de terciopelo que nos introducía en la platea de los sueños en sesión continua.

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    1. Una pregunta -a veces convertida en duda- está siempre presente: ¿Debo apartar lo personal de lo que escribo? La respuesta es parecida a la de no recuerdo ahora qué escritor:
      "... Pero, es que yo sólo sé escribir sobre lo que me ha pasado, he visto, conocido, emocionado, indignado, etc."
      Y si sale barba, San Antón, y sino la Purísima Concepción.
      Por eso también disfruto con lo que escribís otras personas y os sigo porque también sois una fuente de nuevas ideas. Y, de paso, me entero de cosas que no sabía y me autofustigo en ocasiones por no haberme enterado en su momento.

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    2. Yo no puedo ni quiero apartar lo personal de lo escrito. Necesito una cierta implicación emocional con los temas que trato, tanto da que sea por experiencia personal o transmitida oralmente. Me gusta construir relatos que conecten la historia con las vivencias para implicar al lector y, a la vez, dar sentido a mi historia.

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