jueves, 13 de noviembre de 2014

MALAS COMPAÑÍAS

BUSTER KEATON

Y EL CLAN TALMADGE 
Guest Star: JOSEPH M. SCHENCK


Aquí vemos a Buster con Margaret (Peg) Talmadge y sus tres hijas,
Norma, Constance y Natalie, su esposa, a la derecha, menos dotada como actriz
pero experta en el arte de desvalijar a su esposo de su
 fortuna.
Bajo la tutela de la madre del Clan, abogados y
  jueces ayudaron a Natalie
a dejarle con una mano delante y otra detrás. 
Los rostros de las cuatro aparecen relajados 
y se diría que angelicales. El de Keaton ni por asomo. Quizás empezaba a sospechar que
la madre apreciaba más al perrito que descansaba en su regazo que a su yerno..

Se dice que el mayor error de Buster Keaton fue firmar por MGM, consideración con la que él mismo parecía estar de acuerdo. Algo hay de cierto en dicha suposición, pero ni él, ni los estudiosos de su vida y obra, tienen en cuenta debidamente en qué medida la situación personal influye en el trabajo de las personas, provocando efectos devastadores. Más, si cabe, si dicho trabajo es creativo. La lectura de las memorias de Keaton avala lo que digo, aunque no lo diga claramente. En su situación personal estuvo la clave de su terrible hundimiento moral y profesional.

Es evidente que su integración en MGM tuvo como consecuencia inmediata una pérdida de libertad muy notable, casi absoluta conforme pasaba el tiempo. Era algo que él mismo temía que pudiera pasar, por lo que le pidió su opinión a Charles Chaplin. Éste le aconsejó que no aceptara la oferta. Pensaba Chaplin que a pesar de que en MGM tenían algunos de los mejores profesionales, el problema estribaba en que eran muchos y todos dispuestos a dar su opinión: “es un caso claro de demasiados cocineros”, sentenció. Harold Lloyd, a quien también consultó, era de la misma opinión. Ambos rechazaron diversas ofertas similares a la ofrecida a Keaton.

Sin embargo, Keaton terminó haciendo caso de Joseph Schenck, productor y consejero desde casi los principios de su carrera. Schenck era uno de los productores ejecutivos de United Artists y hermano de Nicholas Schenck, máximo ejecutivo de MGM, por encima de Louis B. Mayer. No creo que sea aventurado afirmar que hubo un momento en que Schenck dejó de ser un buen consejero y amigo, para convertirse en uno de los cómplices del complot que lo llevaría a la ruina. Keaton había tenido un anticipo -en cuanto a que las opiniones de su consejero y amigo no eran del todo acertadas-, cuando le propuso dejar de filmar películas de corto o medio metraje y pasar a largometrajes. Schenck le disuadió porque consideraba que en la Comedia de humor desenfrenado, "Slapstick", no tenía razón de ser y el formato adecuado era el que utilizaban. Meses más tarde, Chaplin y Lloyd decidieron hacerlo, con notable éxito.

Joe Schenck, productor, consejero y amigo de Buster Keaton.
Hubiera sido preferible que no se fiara tanto de él porque 

mantenía una excelente relación con Peg Talmadge, estaba casado 
con su hija mayor, Norma, con la que compartía productora, 
la "Norma Talmadge Film Corporation" (dramas principalmente)
 y aconsejaba a la más pequeña en la "Constance Talmadge 
Film Corporation" (comedia sofisticada). 

Norma, la máxima estrella del Clan Talmadge.
Intentó reconducir su carrera durante el Sonoro, ya lejos de la tutela de Schenck,
pero fracasó de forma estrepitosa, en parte por una crítica demoledora,
y no muy justa, que ahuyentó al público de las taquillas y la sentenció antes de tiempo, 

a pesar de que su primera película sonora, "New York Nights", no había ido mal.

No sería el primer error de bulto de Schenck: opinaba que era precipitado rodar con sonido porque ni la industria ni el público estaban preparados para una inversión tan costosa. La realidad tiró por tierra sus vaticinios en cuestión de meses. No obstante, supo rectificar a tiempo cuando se dio cuenta que el Cine Mudo estaba condenado a la desaparición y, además, a muy corto plazo. A pesar del Crac del 29 (The Great Crash), la Gran Depresión y la enorme inversión que suponía para la Industria la transformación Cine Mudo-Cine Sonoro, el cambio era imparable. De todas formas, pese a su reconocida inteligencia y conocimiento del negocio, parece evidente que Schenck carecía de esa visión de futuro que permite intuir los cambios en los gustos del público y en la sociedad que, cuando se poseen, permiten anticiparse a los demás. Con todo, en su caso no era un problema, porque era un maestro en sacar partido del talento de los demás, que, siendo justos, se debe decir que en algunos casos fue el primero en advertir.

En lo que si tenía vista Schenck era en escoger los galanes para las películas de su esposa:
homosexuales o poco atractivos para Norma,  aunque útiles a efectos de taquilla.
El día que bajó la guardia y escogió el galán inadecuado
-un Gilbert Roland en plenitud de apostura y encanto personal-
su mujer se la pegó, convirtiéndose en la amante de Gilbert.
En la caída profesional de Buster Keaton también tuvo mucho que ver una clara y lógica inadaptación al Sonoro. No olvidemos que “The cameraman”, una excelente película, la última íntegramente muda que hizo, fue la primera que rodó para MGM, bajo la dirección de Edward Sedwick. Aunque fue un éxito notable tuvo que batallar, tanto en la fase de pre-producción como durante el rodaje, con las injerencias de los "cocineros". Chaplin y Lloyd supieron preservar su independencia, lo cual les permitió esperar que “el furor” por las películas sonoras se mitigara y planificar su carrera en el nuevo medio con mayor tranquilidad, adaptándolo a su personalidad. Keaton no tuvo esa tranquilidad, metido en el engranaje de MGM, y se vio abocado a participar en unos proyectos que no le gustaban, en los que, como le había advertido Chaplin, todos se creían con derecho a dar su opinión, y su capacidad de decisión sobre cuanto se hacía era cada vez menor. Con todo, Lloyd no asimilaría el Sonoro, en parte por los enormes cambios en los gustos del público durante la época de la Gran Depresión, y se retiraría... multimillonario. El mismo Chaplin tomaría la decisión de espaciar sus producciones y dejaría pasar varios años entre una película y la siguiente.

Las primeras películas sonoras de Keaton fueron aceptables. Todavía el Complot-Talmadge, con la complicidad de Schenk, no se había terminado de planificar en sus más mínimos detalles y no había entrado en la fase de autodestrucción que lo dejaría sin capacidad de reacción.


Abril de 1929: primera película con MGM, todavía muda,
aunque se añadieron efectos sonoros y música, con Dorothy Sebastian.

Primera película íntegramente sonora, dirigida también por Edward Sedgwick,
con Anita Page 
y Robert Montgomery, y en la que tenían breves apariciones
los directores Cecil B. de Mille y Fred Niblo y el actor Lionel Barrymore. 

Considero que en unas condiciones más normales Keaton hubiera sabido superar todos los obstáculos, dado que tenía condiciones sobradas para conseguirlo; superiores en determinados aspectos a las de Chaplin y, no digamos, a las de Lloyd; pero su cabeza no estaba plenamente en el trabajo y su creatividad entró en una fase de parálisis. Personal y profesionalmente cayó en una profunda crisis y sus ánimos para afrontar las adversidades, desaparecieron; hasta el punto de que no hizo nada para salvaguardar su patrimonio ante la avaricia de su esposa y el Clan Talmadge y luchar por la custodia de sus hijos, cuando le fueron arrebatados y hasta desposeídos de su apellido paterno. Era un hombre abrumado por lo que se le había venido encima, cuya magnitud no podía comprender, aunque reconocía su parte de  culpa.

La brutalidad de la sentencia del juicio de divorcio, que lo dejó en la ruina más absoluta, sin bienes, propiedades y dinero, cuando todo había salido de su trabajo, influyeron de forma decisiva en su comportamiento y, por consiguiente, en su trabajo, al que en alguna ocasión se presentó a rodar en condiciones lamentables. Su prestigio cayó en picado y el trato con compañeros de profesión y ejecutivos de la productora cambió de forma radical. Personalmente, me resulta incomprensible, a pesar de los años transcurridos, la actuación del Juez, del Jurado, si lo hubo, de los testigos de la Acusación y la Defensa, del Fiscal y el Abogado Defensor. Sería clarificador ver las actas del juicio.

No hay que olvidar que de las tres hermanas Talmadge, su esposa Natalie fue la única que no consiguió triunfar y ganarse la vida con su esfuerzo, a pesar de las muchas y cualificadas ayudas de las que dispuso. Era una absoluta mediocridad y sin el más mínimo carisma. Su frustración y falta de sentido común la llevó a pretender seguir el ritmo de vida de las grandes estrellas, superándolo incluso en ostentación, gastos y derroche. Keaton, hombre sencillo, se vio inmerso en la vorágine, participando de ella. Imagino que nunca llegó a comprender que una mujer que no tenía condiciones para aspirar a llevar un tren de vida como el que llevaba -y que sus hermanas si habían conseguido con su propio esfuerzo- pudo actuar de una forma tan desproporcionada con respecto a los posibles agravios. Sin duda, Mamá Peg, que sabía lo que daba de sí su hija, tuvo claro que la única forma de asegurar para ella un futuro confortable era apoderarse de todo. Ignoro si fue la primera "mamá de Cine", luchando a muerte por sus retoños, presta a saltar a la yugular de quien se interpusiera en su camino, pero aunque hubiera otras antes que ella, ninguna sacó adelante a tres con tan esplendorosos, y lucrativos, resultados.

El complot, cuya fecha de inicio cabe situar en el mismo momento en que la madre se dió cuenta de que Natalie era un desastre sin remisión y Buster una presa fácil, se puso en marcha sin que él se enterase de nada y, lo que fue peor, sin que reaccionase cuando pudo hacerlo. Era un hombre vencido, que pensó que su talento le permitiría remontar el vuelo, pero se equivocaba porque su creatividad, su ilusión y su fuerza estaban bloqueadas. Un mal entendido orgullo, a la hora de aceptar consejo, le hizo rechazar las posibles ayudas.

El Clan al completo el día de la captura de la pieza.
Las niñas sonríen, mientras el rostro de la madre, refleja el agotamiento por el esfuerzo,
pero también la satisfacción del deber cumplido:
ha conseguido "colocar" hasta a la más torpe de de las tres hermanas, 

negada para la interpretación y sin el más mínimo carisma.

Norma y Constance es probable que no intervinieran directamente e incluso que no lo vieran claro conforme se fueron produciendo los acontecimientos, pero tampoco debían ser dos hermanas de la caridad. Veamos:

1. De Constance, ya retirada, a Norma, que empieza a pensar en hacer lo mismo ante el fracaso de su última película, "Du Barry, woman of passion", destrozada por unas críticas inmisericordes, que más parecían ataques personales o ajustes de cuentas pendientes: 

"Date por satisfecha con lo que has conseguido y agradece que mamá ella sí supiera invertir nuestro dinero"

2. Respuesta de Norma, años después de retirarse, a una admiradora que le había dicho, "Regresa, Norma"

"Lo siento, querida, pero nunca más os volveré a necesitar"


Examinadas fríamente, sin pasión, lo cierto es que Norma, Constance y Natalie
eran un poco "cebollonas", que es como mi madre calificaba a una chica
un poco basta y no sobrada de gracia, aunque no fuera fea.
Aquí están en una fiesta de disfraces en San Simeón (Hearst Castle), 

a mediados de los años 20s. Podemos apreciar que el calificativo es bastante apropiado 
y se hace difícil comprender como dos de ellas llegaron a estrellas. 
En esa época, quizá más que en ninguna posterior, hubo auténticas personalidades 
en Iluminación, Cámaras, Maquillaje, Vestuario y Diseño.
 
En lo que se refiere a las fotos de la boda, es probable que Keaton
pusiera intencionadamente esa expresión y su seriedad fuera fingida. 
Sin embargo, sorprende que su seriedad, aquí nada fingida,
apareciera siempre y se mantuviera con el paso de los años,
hasta en las fotos familiares.



 Natalie, un caso patológico, no se conformó con arrebatarle toda su fortuna,
sino que consiguió que a sus hijos les quitaran el apellido paterno.
Con el paso del tiempo su paranoia llegó al extremo de no poder soportar
que se nombrara a su ex-esposo, provocando que amigos y familiares
lo hicieran, para burlarse de ella.
 
Principios de los 30s. Con Norma Talmadge y Gilbert Roland en la Costa Azul. 
En el caso de Keaton, el estar "con el agua al cuello" es válido en cualquier sentido de la expresión. 
Norma sonríe, pero aunque no lo sabe, también está "con el agua al cuello" 
porque su trayectoria en el Cine tiene los días contados y su relación con Roland, también, 
aunque eso si es posible que lo supiera y, en este caso, el que no estaba enterado era Roland. 
¡Quién sabe!
PRÓXIMAMENTE: 
Estoy a punto de concluir el trabajo sobre emigrantes y exiliados, rumbo a Hollywood, en la Década de los 30s del siglo XX.