viernes, 26 de septiembre de 2014

Que el cielo la juzgue



GENE TIERNEY 
es "Ellen" en 
"QUE EL CIELO LA JUZGUE"






Debo confesar que yo, como Ellen, también hubiera dejado que Danny (Darryl Hickman), el hermano de Richard (Cornel Wilde) en "Que el Cielo la juzque", se ahogara en el lago. 
Por una razón muy sencilla. Bueno, dos: la primera que me parece admirable que no quisiera con nadie a Richard, su esposo,  y la segunda porque Danny, el hermano de Richard además de ser un obstáculo para su intención de tener a Richard para ella sola, era un pelmazo absolutamente insorportable. 



Sin embargo, y como es de suponer dado la época en la que se realizó la película, la condena moral de la protagonista fue unánime por parte de crítica, público y entidades de lo más diverso, prestas siempre a rasgarse las vestiduras en este tipo de situaciones. Naturalmente se convirtió en un buen ejemplo de que "le crime ne paie pas". Eran otros tiempos. 


A partir de la obra original de Ben Ames Williams, el escritor Jo Swerling construyó un excelente guión, con el que el director John M. Stalh elaboró un melodrama de notable fuerza. Buena parte de la intensidad dramática de la película se debe a la expresiva utilización del color por parte del director de fotografía, León Shamroy, que ganó el oscar en esta película, de los cuatro que consiguió a lo largo de su carrera, con 18 nominaciones.

Ben Ames Williams, escritor

John M. Stahl, director. A pesar de su notable trayectoria profesional
no ha alcanzado el reconocimiento que se merece.
Curiosamente, se recuerdan más las versiones de "Imitación a la vida" y "Sublime obsesión",
hechas por Douglas Sirk en  los 50s. que las originales de Stahl

Leon Shamroy, fotografía,
recibiendo el Oscar de manos de David. W. Griffith.
Ganó cuatro premios de la Academia y tuvo 18 nominaciones.

Jo Swerling, de origen ruso, huído del régimen zarista,
fue guionista y autor teatral, entre sus múltples obras,
escribió una comedia para los Hermanos Marx,
a mediados de los 20s y en los 50s regresó a Broadway

Ellen ve claro desde el primer momento que su convivencia con Richard está en peligro y yo, un tierno infante cuando vi la película por primera vez, también; impresión corroborada por una segunda visión en televisión unos años más tarde. La vida de pareja es complicada sin necesidad de que haya alguien, sea de la familia o de fuera echando leña al fuego, así que considero que Ellen hace lo correcto al eliminar sin contemplaciones un obstáculo como ese, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un pelmazo de tal calibre, que es, además, egoísta, llorón y empalagoso hasta la nausea. 

En principio, ella trata de evitar el problema de una forma pacífica y razonada con el interesado y posible víctima, pero al comprender que el tipo se muestra recalcitrante y de forma sibilina persiste en su actitud (que es intencionada porque lo que pretende es tener al hermano a su disposición de por vida), decide actuar sin contemplaciones. 



Las fotos ayudan a aclarar posibles dudas en esta explicación un tanto sui géneris de la película ( no debe olvidarse que lo de un Hollywood "muy personal" es una verdad como un templo).



Unas imágenes que dan idea de la buena relación entre Ellen y Richard

Danny en plena faena de atontar a Richard, que se deshace.

Ellen empieza a darse cuenta de que la abnegación de Richard 
es preocupante y roza la estupidez.


La hermanastra, la angelical Ruth (Jeanne Crain),
que oculta aviesas intenciones.

Por otra parte, además del incordio que supone Danny, Ellen ha advertido que Ruth , 
que siempre fue una hermanastra envidiosa del cariño del padre común
maniobra a sus espaldas para quitarle a Richard.



Ellen tiene dudas más que razonables. 
Mientras lee, ata cabos y reflexiona sobre el tema. 
Danny está sentenciado

Como suele pasar en muchas parejas, Ellen se ha dado cuenta de que a pesar de lo listo que es Richard y de que es un escritor de prestigio creciente, para algunas cosas es más tonto que hecho de encargo, así que decide poner en marcha el plan de choque que ha urdido. A pesar de todo y de lo obcecado que está su esposo, sigue muy enamorado de él y sabe que Ruth está al acecho... Comprende que no tiene más remedio que deshacerse de Danny porque el tiempo corre en su contra. Debe actuar y luego y aprovechar la desesperación de Richard y, planificando un plan intensivo de consuelo que lo tenga ocupado las 24 horas del día, para que Ruth comprenda, de una vez por todas, que no tiene nada que hacer y quede definitivamente desplazada.

El plan está en marcha

Bien embadurnado de aceite bronceador
para que no se pueda agarrar a ningún objeto

"Tranquilo, Danny, cariño,que si te da un calambre aquí estoy yo..."

¡¡Aléjate lo que puedas, que es bueno para tus articulaciones!!...

¡¡¡Ellen!!!.... 

"¡Aguanta, Danny, que ya voy!" 
Perfecto... Primer obstáculo eliminado. 
Ahora a neutralizar a Ruth.

"¡¡¡Glu, glu, glu...!!!"

"¡¡Good bye, Danny!!"
En fin... Lo que hizo Ellen, la encantadora y sensible Gene Tierney, en "que el Cielo la juzgue", se lo había ganado el mamón de Danny, de sobras y, en todo caso, lo que habría que agradecerle a Ellen es la elegancia y limpieza con que se deshizo de semejante pelmazo. Cuando decide cortar por lo sano, Richard está a punto de sucumbir ante las maniobras de Ruth, que a pesar de su pinta de mosquita muerta, es una lagarta de cuidado, que intenta desprestigiar a Ellen de manera solapada, mientras finge desvivirse por el hermanito aunque tampoco lo traga.

Es posible que mi interpretación de los hechos no estuviera en la mente del escritor ni en las de los que intervinieron en la película, pero es lógico, los espectadores, a veces, vemos cosas de las que los autores no son plenamente conscientes. También les pasa a los críticos de cine, aunque mucho más exagerado, que ven mensajes ocultos en donde no los hay, porque, como decía Howard Hawks: "cuando quiero mandar un mensaje, recurro a la Western Union".

martes, 23 de septiembre de 2014

CONRAD VEIDT Y PETER LORRE

CONRAD VEIDT  Y PETER LORRE 
EXILIADOS EN HOLLYWOOD




CASABLANCA, Producción Warner de 1942, fue un gran ejemplo, quizás el mejor, de la aportación al Cine de Hollywood -en una misma película- de los exiliados europeos en la década de los 30s del pasado siglo, especialmente desde el advenimiento de los nazis al Poder. Ha pasado a la Historia del Cine sin ser mejor que algunas que han caído en el olvido o incluso siendo inferior en muchos aspectos a otras. ¿Por qué ha sido así, aparte del carisma de su pareja protagonista, Humphrey Bogart e Ingrid Bergman? Misterios, si no de la Ciencia, sí del Marketing, de los Críticos, de los Espectadores y de la confluencia -en este caso inesperada y en el momento y lugar oportunos- de una serie de factores.
Que la coincidencia sea oportuna y no premeditada es esencial para el éxito porque cuando es intencionada y forzada el fracaso está casi asegurado, por muy listos y competentes que sean los muñidores del proyecto.

Unía a quienes participaron, el hecho de haber tenido que huir de los nazis para preservar su libertad o, como en el caso de Conrad Veidt, su vida, pues estaba previsto asesinarlo. Con ellos intervinieron en la película otros exiliados, tanto en la parte técnica como artística e incluso entre los figurantes. Sin duda, este mayoritario núcleo de personas opuestas al nazismo es lo que debe dar esa especial emoción que trasciende fuera de la pantalla y que cautivó al público por encima de los valores intrínsecos de la película. Es particularmente patente en el cruce de himnos entre los militares alemanes y el resto de ocupantes del Café de Rick. Muchos de ellos tuvieron que interpretar a nazis cuando habían tenido que exiliarse por su culpa.





MICHAEL CURTIZ, director de la película, húngaro de ascendencia judía, ya estaba en Hollywood cuando los nazis llegaron al poder, pero está fuera de toda duda que si no hubiera sido así se hubiera visto obligado a emigrar. Fue un muy competente director, capaz de tocar cualquier tipo de género con igual eficacia y de controlar cualquier aspecto de la producción con mano de hierro. Calificarlo como «un buen artesano», aparte de resultar injusto, es una solemne tontería por el tono peyorativo con que se suele adjudicar el calificativo.




Sin embargo, como he hecho en mi libro, "Un Hollywood muy personal", se puede hablar de Casablanca sin citar a Ingrid Bergman y Humphey Bogart. No es fácil resistir la tentación, pero se puede. Hay tantos elementos, de muy diversa índole, dentro de esta producción que hay lugar para ello. Ahí están,  para dar fe, dos magníficos actores, VEIDT y LORRE, con una larga y excelente trayectoria a sus espaldas cuando llegaron a Hollywood. Junto a ellos y en diversos cometidos estuvieron, S.Z.ZAKALL, CURT BOIS, CARL JULES WEYL (director artístico), HELMUT DANTINE y algunos más.






Unas cuantas fotos, colocadas al tresbolillo, acercan, aunque sea someramente, a la vida y obra de estos intérpretes de tan amplio registro, aunque se les encasille a veces en un sólo apartado.


Conrad Veidt con su esposa y su hija durante unas vacaciones.


Con su segunda esposa, la actriz Kaaren Verne,
también exiliada, en su rancho y durante una recepción.
Lorre era un apasionado de los caballos.




Veidt y Lorre coincidieron en pocas películas.
"All trough the night" fue una de ellas.
Durante el rodaje conoció Lorre a su futura esposa, Kaaren Verne,
que era una de las protagonistas.

Además de un consumado jinete, y un buen jugador de ping-pong,
Lorre aprendió a jugar a tenis con uno de los mejores entrenadores, Don Budge.





Con dos intérpretes en el mejor momento de sus largas y excelentes trayectorias,
Joan Crawford y Melvin douglas, en "Un rostro de mujer", dirigida por George Cukor.