martes, 4 de marzo de 2014

Filmando

Filmando en el Parc del Putxet
L

os recuerdos personales suelen ser -con independencia de cual sea el que aparece de improviso en la Parte Inconsciente de la Mente- muy dispares y desordenados dentro de una misma evocación. Entremezclan personas, lugares, situaciones y edades distintas. Tienen en común que son dignos de crédito, si quien los convierte en narración es objetivo; dentro de lo que permite una cierta y mínima dosis de subjetividad. Corresponden a experiencias propias, lo cual, unido a una imprescindible capacidad, de auto-crítica y de análisis, por parte del narrador, hacen que el lector puede tener la casi absoluta certeza de que los sucesos –cualquiera que sea su trascendencia o interés- ocurrieron como se cuenta y los personajes fueron como aparecen. Si no fuera así, no valdría la pena contar nada. Para recuerdos sesgados, auto-justificaciones de lo injustificable o falsedades flagrantes ya están la mayoría de las autobiografías de políticos...

Jardines de la Colina del Putget_imatge_7
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Dentro de la pobre información gráfica del Parc
 que aparece en "Google imágenes",
he sacado esta foto del camino, 

parecido al que desembocaba 
en la pequeña explanada en donde filmamos.
Salvado este preámbulo, me centro en lo que la Memoria, en su viaje, me proporciona sobre el tema en cuestión: La filmación en el Parc del Putxet del cortometraje “Jordi y los medios de comunicación de masas”, relacionando a personas, el bar “El Oro Negro”, TVE y el CineEl autor de las fotos que incluyo y del revelado posterior -con un material muy rudimentario: la cámara de fotos de la Srta. Pepis y la ampliadora de su abuela (la de la Srta.), de ahí su escasa definición- fue José Palacio Bescós, compañero de Enseñanza Primaria en el Col.legi Sant Miquel y, años más tarde, cuando nuestros caminos se volvieron a reunir, de Preuniversitario, en la Academia Peñalver y de Carrera en la ETSEIB, entre otras correrías y quehaceres, también docentes, pero de otras materias...

Allí estábamos esa mañana, en el Parc del Putxet, con dos actores profesionales (cuyos nombres lamento no recordar) y Martí Montserrat, experto cámara y compañero de trabajo de mi hermana Rosario en PubliVisión.


La mancha negra, debajo del árbol y delante de mí, 
es un banco con los dos actores.
Martí observa mientras converso con ellos. 

Que Martí fuera el operador era de pura lógica: 
yo era plenamente consciente de mis limitaciones con la cámara.

Martí filma y en esta foto se vislumbra la silueta de los actores.
De todas formas, las fotos quedan como... misteriosas. Pensándolo bien, 

es posible que no se tratara de un mal material 
y la realidad fuera que José Palacio pasara por una fase de 
aproximación fotográfica al expresionismo alemán...

De los actores, el que hacía el papel protagonista era el doble en cine de Joan Manuel Serrat y el otro, "el amigo", era un actor de Fotonovelas, en las que solía hacer de galán. Los conocí en el Club de Ajedrez Oro Negro que en aquella época era un bar cochambroso, digno de figurar entre los bares más guarros de Barcelona. Me los presentó el Sr. Recasens, “El Reca”, actor de cine en pequeños papeles, experto jugador de butifarra y socio del Barça, que, a poco que se le diera motivo, enseñaba la foto en la que estaba con Johan Cruyff, con su brazo rodeando los hombros del entonces indiscutible nº 1. 

El bar-club de Ajedrez El Oro Negro, un lugar verdaderamente peculiar, 
al que acudí durante muchos años a jugar a dominó 
y charlar con los amigos, los parroquianos habituales y compañeros de estudios. 
Una admirable mescolanza de edades, profesiones 
y status socioeconómico que allí parecían diluirse hasta casi desaparecer.

En “Jordi y los medios de comunicación de masas”, el atribulado protagonista le expresaba a un amigo su desconcierto ante las noticias que veía en los Telediarios, comparadas con las que posteriormente le mostraba la realidad cotidiana o conocía a través de otros medios de comunicación, generalmente franceses. Debe tenerse en cuenta que en esa época –los últimos años del Franquismo- sólo existía TVE como medio televisivo y cualquier emisora de radio, periódico o revista sufría las consecuencias de una censura férrea -o de la autocensura- de periodistas, editores o comentaristas, temerosos -y con fundadas razones- de secuestro de la edición, cierre del medio o incluso pena de cárcel.

Hicimos el rodaje en exteriores a primeras horas de la mañana y procuramos ser rápidos y discretos porque no había solicitado ningún permiso para rodar. El rodaje, a pesar de que el presupuesto de la película rozaba la indigencia y de mi inexperiencia, se hizo con absoluta seriedad y como mandan los cánones. Había un guión previo -literario primero y técnico después- y se rodó sin sonido directo, hecho habitual en aquella época hasta en el cine profesional. Como dato anecdótico, para infundir cierta dosis de profesionalidad a la tarea y dar confianza a los actores y a Martí, dije lo de: “¡Silencio, se rueda!” (no había ni un alma por allí), seguido del no menos típico, “¡Acción!” y se empezó a rodar. Cada vez que fue necesario se utilizó la claqueta (los dedos índice y corazón de una mano delante del objetivo) cuando se terminaba una toma, se repetía la misma o se pasaba a otra.

Luego, continuamos con los interiores en el apartamento de Martí, que tenía unas vistas estupendas al Parc del Putxet. Como no tenía televisor, tuvimos que conseguir uno para las secuencias en las que Jordi veía el Telediario. Resultó que el aparato no funcionaba y tuvo que improvisar una iluminación apropiada para hacer ver el efecto de la luz de la pantalla sobre Jordi y el mobiliario. Además de un excelente operador de cámara demostró que la iluminación tampoco tenía secretos para él. Debo confesar, con bastante vergüenza, que se me olvidó por completo que debíamos llevarnos el televisor (lo llevamos José y yo). Luego, la faena fue de Martí para desembarazarse de aquella mole, incómoda y pesada. No comprendo como se me pudo pasar por alto algo así. Supe, años más tarde y a través de mi hermana, que le sentó muy mal mi informalidad, aunque nunca me dijera nada.

El cartucho de formato super-8,
que permitía rodar unos cuatro minutos a 18ips 

o algo más de 2 minutos a 24ips.
No recuerdo cuantos cartuchos se utilizaron en el rodaje.

Posteriormente, comentando con Martí lo que habíamos hecho, coincidimos en lo esencial y estuvimos completamente de acuerdo en que era conveniente invertir los papeles. El actor que interpretaba al "amigo", era más expresivo y flexible. Asimilaba las instrucciones y era capaz de corregir sobre la marcha su manera de hablar o gesticular; mientras que el principal era menos expresivo, algo duro de mollera y poco dado a rectificar. Quedamos en que reescribiría algunas escenas para adaptarlas al cambio de actores –caso de que aceptaran el intercambio de papeles- y eliminar o añadir algunas cosas puntuales.

Hice los ajustes necesarios pero los acontecimientos jugaron en nuestra contra y no hubo manera de repetir el rodaje, principalmente por los compromisos de cada uno. Sin embargo, tuve la satisfacción de que nuestra película le sirviera al actor que hacía de "amigo" -y con el que hablé posteriormente para comunicarle que haría el papel de protagonista- para coger confianza en sus posibilidades y centrar su carrera en el Cine, dejando de lado las fotonovelas, que estaban condenadas a una rápida desaparición. Con el material filmado hice el correspondiente montaje, ya que disponía de moviola, empalmadora y los complementos necesarios.  





Elementos técnicos para convertir el material filmado en una película. 
Los mismos que en el cine profesional, pero en miniatura: 
cámara, empalmadora, moviola, cinta auxiliar, "cello" especial, proyector
guantes de algodón para no dejar huellas en la película...

Por lo que a mí respecta y ante la imposibilidad de realizar estudios oficiales en la única escuela de cine profesional, la de Madrid, cerrada hacía tiempo por motivos políticos; me inscribí en un curso de cine en Super-8 y 16 mm en el Centro de Enseñanzas de la Imagen (C/Diputació, entre Rambla de Catalunya y Passeig de Gràcia). El curso estaba dirigido por Llorenç Soler, director de fotografía en diversos largometrajes y realizador de numerosos documentales, tanto para cine como para televisión. Como profesor, excelente, tanto por sus conocimientos como por la forma de trasmitirlos a sus alumnos.

En algunos temas la información de Google, 
sobre hechos o personas del país es escasa, 
Sobre el CEI sólo puedo poner la tapa de la carpeta de apuntes . 
Conservo todas las filmaciones que hice durante el curso, 
tanto en interiores como en exteriores. 
Mi intención es hacerlas pasar a formato digital

El cartucho de película de la imágen de más arriba,
después de revelado, el laboratorio lo entregaba como se ve en ésta.
Son dos de las prácticas que se hicieron en el CEI.
El curso, que había empezado en Octubre de 1978, duró varios meses.
Como mi idea era hacer cine profesional o, al menos, de aficionado,
pero no de dominguero, me compré la mejor cámara 
super-8 posible,
que permitiera rodar a varias velocidades, tuviera un buen zoom y una gran calidad de imagen.
Esta y la de otro compañero del curso, mejor en algunos aspectos,
destacaban sobre las otras, más sencillas.
Luego, las pruebas de lo que se había filmado demostrarían que
con cámaras más simples se podían hacer las cosas mejor,
si quien la utilizaba era más competente...  


Pasado el tiempo, las circunstancias (esas a las que aludía Ortega y Gasset) le impondrían a mi Yo lo que había que hacer en cada momento y el Cine dejó de ser una prioridad. Pero, como se dice en estos casos: eso ya es otra historia o, para ser más preciso, otras historias...

Sant Joan d'Alacant, Marzo de 2014