jueves, 10 de octubre de 2013

Laurence Olivier-Roberto Rossellini-Rainiero de Mónaco


TRES PERSONAJES NEFASTOS 
DE LA HISTORIA DEL CINE
Y cinco "víctimas" más o menos "inocentes": 
Vivien, Ingrid, Grace, Alfred Hitchcock y yo (como cinéfilo)


Calificar de nefastos a estos tres personajes puede parecer una aberración y para algunos -sean críticos que los veneran, estudiosos del Cine o espectadores-, una herejía. No es ninguna de las dos cosas. Se trata de una opinión personal referida a una circunstancia concreta: ser responsables directos de un crimen de lesa humanidad cinematografica: alejar, total o transitoriamente, a Vivien Leigh, Ingrid Bergman y Grace Kelly, del Cine.
¿No han oído hablar nunca de semejante tipo de crimen, verdad? 
Es lógico: me lo acabo de inventar. Hacía falta un apartado específico para situar el delito en cuestión y puesto que han pasado más de sesenta años desde el primero de los crimenes, la perspectiva histórica es suficiente y se puede juzgar a los tres individuos con unas dosis razonables de subjetividad. Han leído bien: subjetividad. No se puede ser objetivo ante actitudes tan odiosas y reprobables. 

Basándome en la defición que hace Wikipedia de «crimen de lesa humanidad», me he permitido definir -con los ajustes pertinentes- esta nueva variante de crimen de la siguiente forma: «Aquel de tal categoría que, por su aberrante naturaleza, ofende, agravia, injuria y perjudica a una buena parte de espectadores y amantes del Cine». 



Laurence Olivier era un hombre de gran prestancia.

 Me ha sido imposible encontrar una foto, de finales de los 30s 
y principios de los 40s en la que estuviera desfavorecido, 
así que he puesto ésta porque el bigote no le sentaba muy bien.
Roberto Rossellini con Ana Magnani (la otra).
Un director sobrevalorado, que vivió de sus primeros éxitos y 

de su extraordinaria capacidad para sobrevalorarse.
No me he tenido que esforzar en buscar su peor foto 
porque en la mayoría, hasta en las que se está riendo, 
se nota que era un tipo engreído.

Rainiero de Mónaco, con sus condecoraciones, cruces, 
bandas y colgajos diversos.Sospecho que si Alfred Hitchcock 
hubiese tenido en su mano la posibilidad de borrarlo del mapa,
no hubiera vacilado ni un instante. Debió maldecir un millón 
de veces el momento en que él -o alguien de la productora-  
tuvo la idea de rodar en Mónaco, "Atrapa a un ladrón".
Resulta imposible imaginar a otra actriz en las películas, «Lo que el viento se llevó», «Casablanca» o «Atrapa a un ladrón», pero voy a ir más lejos: ¿A que es fácil imaginar a cualquiera de ellas en papeles que les estaban destinados en principio, pero que tuvieron que  recaer en otras, sino menos dotadas, sí lejos de lo que deseaban quienes pensaron en ellas al planificar determinadas películas; fuesen guionistas, directores o productores? 
Si hay alguien que pudo hablar con conocimiento de causa fue el director Alfred Hitchcock, que sufrió en sus carnes la retirada de Grace Kelly e Ingrid Bergman, dos de sus actrices predilectas. También David O’Selznick -que solventó sus dudas sobre quien debía interpretar a Scarlett O’Hara en cuanto su hermano Myron le presentó a Vivien Leigh- tuvo mucho que decir, ya que tuvo bajo contrato a Leigh y a Bergman. No hay constancia de que lo hiciera, a pesar de su obsesivo afán en redactar memorandums y escritos diversos con los que martilleaba diariamente a sus colaboradores...

Puntualizo, antes de seguir, que reconozco los méritos de Rossellini y Olivier e ignoro y no me interesan, los que pudo tener el de Mónaco en su ramo, que, por cierto, no sé cuales fueron, aparte de mantener durante décadas -informativmente hablando-  a las revistas del corazón, encabezadas por «Hola!»

Olivier, como actor de cine, a finales de los 30s y principios de los 40s, se quedó a medio camino y Rossellini, tuvo su momento -terminada la Segunda Guerra Mundial-, con un par de obras notables, en buena medida fruto de las circunstancias, pero a partir de ahí vivió de las rentas, con una trayectoria posterior mediocre y en ocasiones con filmes de un aburrimiento mortal.

Lo que hace tan odioso el apartamiento de las tres actrices de su carrera en Hollywood son los motivos de Olivier, Rainiero y Rossellini: sus propios intereses. Evidentemente, a ninguna hubo que ponerle una pistola en el pecho para que siguieran a sus parejas. Lo hicieron de buen grado, convencidas y con unos sentimientos mezcla de amor y admiración hacia quienes consideraban poco menos que auténticas lumbreras.
¡Pobrecillas! Alfred Hitchcock y yo nos dimos cuenta en seguida de la realidad: los tres parecían oriundos de la ciudad de la que se dice, de sus habitantes, aquello de, «cómpralos por lo que valen y véndelos por lo que parecen», aunque debo admitir, a pesar de mi parcialidad a la hora de juzgarlos como cinéfilo, que valían bastante, especialmente Laurence Olivier.

Con su irrupción en la vida de Ingrid Bergman, Grace Kelly y Vivien Leigh, truncaron el desarrollo natural de sus carreras profesionales y provocaron el desconsuelo de millones de admiradores -y admiradoras, pues atraían igual a hombres, que mujeres- y de aquellos cineastas que perdieron la oportunidad de trabajar con ellas.

Las tres víctimas inocentes: 

VIVIEN LEIGH, INGRID BERGMAN y GRACE KELLY 


Así como Bergman y Kelly fueron abducidas por sus parejas
cuando sus carreras habían dado lugar a notables películas,
Vivien Leigh sólo intervino en dos -en su carrera americana-:
"Lo que el viento se llevó" y "El puente de Waterloo".
 Regresó a Inglaterra con Olivier y, como Bergman, volvió 

a ganar el Oscar años más tarde (1951), 
pero había cambiado, aunque mantenía parte de su atractivo.

Ingrid Bergman nunca fue uno de mis "amores de cine", 
pero me gustaba porque era muy natural. No se dejó influenciar 
para cambiar su aspecto físico. Su mezcla de fuerza y sensibilidad
 resultaba atrayente tanto para todo tipo de público.
Luego vio una película de Rossellini, le dió un pasmo, 

se lió la manta a la cabeza y se fue a Italia.  
¿Quién recomendaría a Ingrid que fuera a ver "Roma, città aperta"? 


Al escoger una foto de Grace Kelly de su época como actriz, 
es difícil decidirse. Supongo que la decisión es fruto del momento 
y cualquiera sería igualmente representativa de su encanto personal. 
Es imposible imaginar a otra actriz en los papeles que interpretó 
y no me cabe duda de que hubiera mejorado a cualquiera 
de las actrices que tuvo que emplear Alfred Hitchcock 
posteriormente por no poder contar con ella.


Vivien Leigh hizo un esporádico regreso a Hollywood en 1951 y se llevó otro Oscar por «Un tranvía llamado deseo», mientras Olivier seguía con el árbol genealógico de los Reyes de Inglaterra. No sé, me suena que iba por Ricardo III... En cuanto a Ingrid Bergman, después de su penosa etapa con Rossellini, que utilizó a fondo su relación con ella, hizo alguna película en Europa, de escaso valor. Es de suponer que empezaba a darse cuenta de que su relación con el director no daba más de sí y que lo único  que había conseguido era convertirse en una matrona. Grace Kelly no volvió a intervenir en ninguna película de argumento, a pesar de los intentos que se hicieron para hacerle cambiar de opinión. No está nada clara si sus negativas eran sinceras o eran imposiciones del nefasto Rainiero. 
Para comprender el cambio físico y personal al cabo de unos años; la «atracción» de la cámara hacia ellas; su magnetismo, resulta significativo que Alfred Hitchcock no volviera a suspirar por Ingrid Bergman, pero sí intentara convencer a Grace Kelly para que regresara. Hay un ejemplo determinante para comprenderlo:

Hitchcock le contó al director francés -y notable entrevistador- François Truffaut, en el libro, "El Cine según Hitchcock", algo muy revelador acerca de cómo pudo afectarle a Ingrid Bergman, el paso de actriz carismática a matrona italiana, paridora de «Rossellinis». Hablan sobre la película «Vértigo» («De entre los muertos») y del papel interpretado finalmente por Kim Novak, en detrimento de Vera Miles:

"A.H.  ... Ya sabe usted que concebí «Vértigo» para Vera Miles. Hicimos ensayos definitivos y todo el vestuario estaba hecho para ella.
F.T.  ¿Fue la «Paramount» quien no la quiso?
A.H.  La «Paramount» estaba de acuerdo. Lo que ocurrió fue así de sencillo: quedó embarazada, poco antes de rodar el papel que la iba a convertir en una estrella. Luego, perdí el interés por ella, ya no tenía el mismo ritmo."

Si para Hitchcock, el embarazo de Miles le cambió el ritmo y le hizo perder ese algo especial que buscaba en sus actrices, los cuatro de Bergman no es que le provocaran un cambio de ritmo y una pérdida de carisma; es que donde años atrás veía una mujer maravillosa y distinta a las demás, pasado el tiempo veía... Bueno, me remito a las película que hizo a partir de su regreso, a pesar de que volviera a ganar el Oscar a la mejor actriz...

Examinado con el distanciamiento que da el paso del tiempo y habiendo fallecido los seis personajes en cuestión, creo que es evidente que las tres actrices, los cineastas y los espectadores, salimos perdiendo con el error fatal que les hizo cortar parcial o definitivamente sus carreras en Hollywood, para unir sus vidas a tres personas egoístas, ególatras y que pensaron exclusivamente en sus propios intereses, cualesquiera que fueran éstos; aunque, en mi opinión, algo de envidia y los celos -principalmente profesionales- fueron unos componentes esenciales. 

A propósito de Grace Kelly...

Las expresiones de Grace Kelly y de Alfred Hitchcock en estas fotos
son significativas acerca de su buena relación y mutua admiración.
El mal trato del que se quejaron algunas actrices con posterioridad
-posiblemente con razón- estoy convencido de que no existió en su caso
.

Por la cara de él no cuesta nada suponer que se debió
a una negativa de ella para regresar al Cine.
Ella había engordado, el color de pelo no le iba demasiado, pero...
aquí si se puede decir aquello de que "quien tuvo, retuvo".
De todas formas, cara de desgraciada no parece tener...
En fin, no sé, debe ser aquello de que, "sarna con gusto no pica..."

Como tampoco cuesta imaginar a quién hubiera querido tener en su punto de mira...
Me imagino a mí mismo coprotagonizando "Extraños en un tren", junto a Hitchcock 
y encargándose cada uno del asesinato que le interesa al otro: 
yo de Rainiero y él... No sé, había tantos tipos que me caían mal...