lunes, 2 de diciembre de 2013

breakfast at tiffany's

A PROPÓSITO DE...
 DESAYUNO CON DIAMANTES


Del impacto que producen determinadas películas, pocas hay que -a partir de unas imagenes concretas-, se encuentre más a menudo como "foto de portada", en blogs o en "muros" de facebook, que "Desayuno con diamantes (Breakfast al Tiffany's)". Imágenes que, generalmente, corresponden al cartel de la película o a Audrey Hepburn, su protagonista, con el vestido negro de noche, diseñado por Givenchi, ante el escaparate de Tiffany's.

La estrella, antes del título, como debe ser...
En
 el cartel, los elementos esenciales : el vestido de noche negro, de Givenchi, 
el gato, los diamantes... aunque algunos, como el autor de la música,
Henry Mancini y el autor de la obra original, Truman Capote, estén en letras minúsculas
y el del director, Blake Edwards y el guionista, George Axelrod, también, aunque mayores.




A "Desayuno con diamantes", le ocurre como a otras películas de discutible valor cinematográfico, pero con unas particularidades tan notables, que desafían los "controles de calidad" del conjunto, el paso del tiempo y las objeciones que se puedan añadir, incluidas las de algunos de sus responsables.
Dos factores son absolutamente esenciales en el impacto de la película sobre los espectadores: Audrey Hepburn, en los años de deslumbrante encanto personal y "Moon river", la canción compuesta por Henry Mancini, que es uno de esos casos que es imposible desligar del recuerdo de la película, como comenté en cierta ocasión a propósito de la partitura de "Lo que el viento se llevó" o de "El tercer hombre", por citar dos casos significativos



"Moon River", la extraordinaria composición de Henry Mancini,
se convertiría en una de las preferidas de grandes cantantes,
auque algunos de ellos hubiera sido preferible que no la añadiera a su repertorio...

Sobre las objeciones, dos son de particular valor porque corresponden a sus máximos responsables: el guionista George Axelrod y el director, Blake Edwards.
George Axelrod estuvo en desacuerdo desde un principio con el personaje del japonés interpretado por Mickey Rooney. 

El gran error de Blake Edwards fue incluir a Mickey Rooney en el reparto
y empecinarse en mantenerlo cuando era evidente que desentonaba.


Fue un personaje añadido por Edwards, que consideraba un gran error. En una entrevista concedida a Pat McGilligan ("Back Story: conversaciones con guionistas de los años 60". Plot ediciones) dice:

"Tuve una gran pelea con Blake y convencí a Audrey para que nos diera tres dias de rodaje (gratis) para volver a rodar las escenas de Rooney... Audrey accedió a rodarlas con otro actor... Blake se opuso violentamente, así que Rooney sigue ahí... con gran perjuicio de la película. Es la única cosa de mal gusto."


Años más tarde, Blake Edwards reconocería que se había equivocado y que si pudiera cambiaría el personaje, que fue la única aportación notable que hizo al guión. El guión había sido escrito en su totalidad por Axelrod, con la aprobación de John Frankenheimer, que era el director escogido para dirigir la película en un principio, pero que no contó con la aprobación de la actriz.




Audrey y el gato, "Gato", no podían faltar
en este resumen de imágenes de la película.

jueves, 10 de octubre de 2013

Laurence Olivier-Roberto Rossellini-Rainiero de Mónaco


TRES PERSONAJES NEFASTOS 
DE LA HISTORIA DEL CINE
Y cinco "víctimas" más o menos "inocentes": 
Vivien, Ingrid, Grace, Alfred Hitchcock y yo (como cinéfilo)


Calificar de nefastos a estos tres personajes puede parecer una aberración y para algunos -sean críticos que los veneran, estudiosos del Cine o espectadores-, una herejía. No es ninguna de las dos cosas. Se trata de una opinión personal referida a una circunstancia concreta: ser responsables directos de un crimen de lesa humanidad cinematografica: alejar, total o transitoriamente, a Vivien Leigh, Ingrid Bergman y Grace Kelly, del Cine.
¿No han oído hablar nunca de semejante tipo de crimen, verdad? 
Es lógico: me lo acabo de inventar. Hacía falta un apartado específico para situar el delito en cuestión y puesto que han pasado más de sesenta años desde el primero de los crimenes, la perspectiva histórica es suficiente y se puede juzgar a los tres individuos con unas dosis razonables de subjetividad. Han leído bien: subjetividad. No se puede ser objetivo ante actitudes tan odiosas y reprobables. 

Basándome en la defición que hace Wikipedia de «crimen de lesa humanidad», me he permitido definir -con los ajustes pertinentes- esta nueva variante de crimen de la siguiente forma: «Aquel de tal categoría que, por su aberrante naturaleza, ofende, agravia, injuria y perjudica a una buena parte de espectadores y amantes del Cine». 



Laurence Olivier era un hombre de gran prestancia.

 Me ha sido imposible encontrar una foto, de finales de los 30s 
y principios de los 40s en la que estuviera desfavorecido, 
así que he puesto ésta porque el bigote no le sentaba muy bien.
Roberto Rossellini con Ana Magnani (la otra).
Un director sobrevalorado, que vivió de sus primeros éxitos y 

de su extraordinaria capacidad para sobrevalorarse.
No me he tenido que esforzar en buscar su peor foto 
porque en la mayoría, hasta en las que se está riendo, 
se nota que era un tipo engreído.

Rainiero de Mónaco, con sus condecoraciones, cruces, 
bandas y colgajos diversos.Sospecho que si Alfred Hitchcock 
hubiese tenido en su mano la posibilidad de borrarlo del mapa,
no hubiera vacilado ni un instante. Debió maldecir un millón 
de veces el momento en que él -o alguien de la productora-  
tuvo la idea de rodar en Mónaco, "Atrapa a un ladrón".
Resulta imposible imaginar a otra actriz en las películas, «Lo que el viento se llevó», «Casablanca» o «Atrapa a un ladrón», pero voy a ir más lejos: ¿A que es fácil imaginar a cualquiera de ellas en papeles que les estaban destinados en principio, pero que tuvieron que  recaer en otras, sino menos dotadas, sí lejos de lo que deseaban quienes pensaron en ellas al planificar determinadas películas; fuesen guionistas, directores o productores? 
Si hay alguien que pudo hablar con conocimiento de causa fue el director Alfred Hitchcock, que sufrió en sus carnes la retirada de Grace Kelly e Ingrid Bergman, dos de sus actrices predilectas. También David O’Selznick -que solventó sus dudas sobre quien debía interpretar a Scarlett O’Hara en cuanto su hermano Myron le presentó a Vivien Leigh- tuvo mucho que decir, ya que tuvo bajo contrato a Leigh y a Bergman. No hay constancia de que lo hiciera, a pesar de su obsesivo afán en redactar memorandums y escritos diversos con los que martilleaba diariamente a sus colaboradores...

Puntualizo, antes de seguir, que reconozco los méritos de Rossellini y Olivier e ignoro y no me interesan, los que pudo tener el de Mónaco en su ramo, que, por cierto, no sé cuales fueron, aparte de mantener durante décadas -informativmente hablando-  a las revistas del corazón, encabezadas por «Hola!»

Olivier, como actor de cine, a finales de los 30s y principios de los 40s, se quedó a medio camino y Rossellini, tuvo su momento -terminada la Segunda Guerra Mundial-, con un par de obras notables, en buena medida fruto de las circunstancias, pero a partir de ahí vivió de las rentas, con una trayectoria posterior mediocre y en ocasiones con filmes de un aburrimiento mortal.

Lo que hace tan odioso el apartamiento de las tres actrices de su carrera en Hollywood son los motivos de Olivier, Rainiero y Rossellini: sus propios intereses. Evidentemente, a ninguna hubo que ponerle una pistola en el pecho para que siguieran a sus parejas. Lo hicieron de buen grado, convencidas y con unos sentimientos mezcla de amor y admiración hacia quienes consideraban poco menos que auténticas lumbreras.
¡Pobrecillas! Alfred Hitchcock y yo nos dimos cuenta en seguida de la realidad: los tres parecían oriundos de la ciudad de la que se dice, de sus habitantes, aquello de, «cómpralos por lo que valen y véndelos por lo que parecen», aunque debo admitir, a pesar de mi parcialidad a la hora de juzgarlos como cinéfilo, que valían bastante, especialmente Laurence Olivier.

Con su irrupción en la vida de Ingrid Bergman, Grace Kelly y Vivien Leigh, truncaron el desarrollo natural de sus carreras profesionales y provocaron el desconsuelo de millones de admiradores -y admiradoras, pues atraían igual a hombres, que mujeres- y de aquellos cineastas que perdieron la oportunidad de trabajar con ellas.

Las tres víctimas inocentes: 

VIVIEN LEIGH, INGRID BERGMAN y GRACE KELLY 


Así como Bergman y Kelly fueron abducidas por sus parejas
cuando sus carreras habían dado lugar a notables películas,
Vivien Leigh sólo intervino en dos -en su carrera americana-:
"Lo que el viento se llevó" y "El puente de Waterloo".
 Regresó a Inglaterra con Olivier y, como Bergman, volvió 

a ganar el Oscar años más tarde (1951), 
pero había cambiado, aunque mantenía parte de su atractivo.

Ingrid Bergman nunca fue uno de mis "amores de cine", 
pero me gustaba porque era muy natural. No se dejó influenciar 
para cambiar su aspecto físico. Su mezcla de fuerza y sensibilidad
 resultaba atrayente tanto para todo tipo de público.
Luego vio una película de Rossellini, le dió un pasmo, 

se lió la manta a la cabeza y se fue a Italia.  
¿Quién recomendaría a Ingrid que fuera a ver "Roma, città aperta"? 


Al escoger una foto de Grace Kelly de su época como actriz, 
es difícil decidirse. Supongo que la decisión es fruto del momento 
y cualquiera sería igualmente representativa de su encanto personal. 
Es imposible imaginar a otra actriz en los papeles que interpretó 
y no me cabe duda de que hubiera mejorado a cualquiera 
de las actrices que tuvo que emplear Alfred Hitchcock 
posteriormente por no poder contar con ella.


Vivien Leigh hizo un esporádico regreso a Hollywood en 1951 y se llevó otro Oscar por «Un tranvía llamado deseo», mientras Olivier seguía con el árbol genealógico de los Reyes de Inglaterra. No sé, me suena que iba por Ricardo III... En cuanto a Ingrid Bergman, después de su penosa etapa con Rossellini, que utilizó a fondo su relación con ella, hizo alguna película en Europa, de escaso valor. Es de suponer que empezaba a darse cuenta de que su relación con el director no daba más de sí y que lo único  que había conseguido era convertirse en una matrona. Grace Kelly no volvió a intervenir en ninguna película de argumento, a pesar de los intentos que se hicieron para hacerle cambiar de opinión. No está nada clara si sus negativas eran sinceras o eran imposiciones del nefasto Rainiero. 
Para comprender el cambio físico y personal al cabo de unos años; la «atracción» de la cámara hacia ellas; su magnetismo, resulta significativo que Alfred Hitchcock no volviera a suspirar por Ingrid Bergman, pero sí intentara convencer a Grace Kelly para que regresara. Hay un ejemplo determinante para comprenderlo:

Hitchcock le contó al director francés -y notable entrevistador- François Truffaut, en el libro, "El Cine según Hitchcock", algo muy revelador acerca de cómo pudo afectarle a Ingrid Bergman, el paso de actriz carismática a matrona italiana, paridora de «Rossellinis». Hablan sobre la película «Vértigo» («De entre los muertos») y del papel interpretado finalmente por Kim Novak, en detrimento de Vera Miles:

"A.H.  ... Ya sabe usted que concebí «Vértigo» para Vera Miles. Hicimos ensayos definitivos y todo el vestuario estaba hecho para ella.
F.T.  ¿Fue la «Paramount» quien no la quiso?
A.H.  La «Paramount» estaba de acuerdo. Lo que ocurrió fue así de sencillo: quedó embarazada, poco antes de rodar el papel que la iba a convertir en una estrella. Luego, perdí el interés por ella, ya no tenía el mismo ritmo."

Si para Hitchcock, el embarazo de Miles le cambió el ritmo y le hizo perder ese algo especial que buscaba en sus actrices, los cuatro de Bergman no es que le provocaran un cambio de ritmo y una pérdida de carisma; es que donde años atrás veía una mujer maravillosa y distinta a las demás, pasado el tiempo veía... Bueno, me remito a las película que hizo a partir de su regreso, a pesar de que volviera a ganar el Oscar a la mejor actriz...

Examinado con el distanciamiento que da el paso del tiempo y habiendo fallecido los seis personajes en cuestión, creo que es evidente que las tres actrices, los cineastas y los espectadores, salimos perdiendo con el error fatal que les hizo cortar parcial o definitivamente sus carreras en Hollywood, para unir sus vidas a tres personas egoístas, ególatras y que pensaron exclusivamente en sus propios intereses, cualesquiera que fueran éstos; aunque, en mi opinión, algo de envidia y los celos -principalmente profesionales- fueron unos componentes esenciales. 

A propósito de Grace Kelly...

Las expresiones de Grace Kelly y de Alfred Hitchcock en estas fotos
son significativas acerca de su buena relación y mutua admiración.
El mal trato del que se quejaron algunas actrices con posterioridad
-posiblemente con razón- estoy convencido de que no existió en su caso
.

Por la cara de él no cuesta nada suponer que se debió
a una negativa de ella para regresar al Cine.
Ella había engordado, el color de pelo no le iba demasiado, pero...
aquí si se puede decir aquello de que "quien tuvo, retuvo".
De todas formas, cara de desgraciada no parece tener...
En fin, no sé, debe ser aquello de que, "sarna con gusto no pica..."

Como tampoco cuesta imaginar a quién hubiera querido tener en su punto de mira...
Me imagino a mí mismo coprotagonizando "Extraños en un tren", junto a Hitchcock 
y encargándose cada uno del asesinato que le interesa al otro: 
yo de Rainiero y él... No sé, había tantos tipos que me caían mal...






sábado, 21 de septiembre de 2013

De la Obertura de TANNHÄUSER a LUCHINO VISCONTI

De la Obertura de TANNHÄUSER 
a LUCHINO VISCONTI, a través de 
KARL BÖHM, KARLHEINZ BÖHM, 
KARL RICHTER y ROMY SCHNEIDER 


Karl Böhm
Mi mente decidió ponerse a jugar a La Oca escuchando por enésima vez la Obertura de Tannhäuser -un método casi perfecto para salir de momentos de decaimiento- en la versión de la Wiener Philharmoniquer dirigida por Karl Böhm en 1979. Es, para mi gusto, la mejor que he escuchado, más incluso que la de Herbert von Karajan, que menciono en mi página de facebook.
Diversas oberturas de Wagner en la versión de Karl Böhm



El juego empezó cuando decidí buscar una versión en Youtube para colocarla en Fb. Como disponía de poco tiempo puse la que me pareció mejor dentro de las localizadas a las primeras de cambio: una de Herbert von Karajan, quizás la última que grabó. 









Karlheinz Böhm
Padre e hijo
Mira tú por donde, al poner la versión de von Karajan pero estar escuchando la de Böhm, me acordé de su hijo, el actor Karlheinz Böhm. Karlheinz, en principio, cursó estudios de piano, pero fue la interpretación lo que le atrajo. Fue el protagonista de las tres primeras películas de la serie "Sissi", junto a una joven Romy Schneider. Es recordado como el psicópata asesino de la película de Michael Powell, "Peeping Tom", y por dos de las películas que rodó en Hollywood: "El maravilloso mundo de los hermanos Grimm", de Henry Levin, y "Los cuatro jinetes del Apocalipsis", de Vincente Minnelli.

Era inevitable que el siguiente paso de la Oca me llevara a Romy Schneider, hija de la también actriz Magda Schneider, a quien Romy, de niña, acompañó en sus visitas a la residencia de Adolf Hitler en "el nido de águilas". Los padres de Romy vivían a 20 kms de allí. La carrera de la actriz, calificada por Wikipedia de "interesante", fue bastante más que eso y requiere mucho más espacio que el que puedo dedicarle aquí.


Romy en la época de Sissi y con su madre, 
Magda, actriz y cantante, 
que fue una de las actrices preferidas de Adolf Hitler. 
Vivían en los Alpes bávaros, a pocos kms. del "Nido del águila", 
que visitaron cuando Romy era una niña.


El "Nido del águila",en Berchtesgaden
De Romy era lógico pasar a Alain Delon, su gran y desgraciado amor. Como no es un actor que me resultara particularmente simpático, no escribo nada y paso al siguiente salto de la Oca: Jean Paul Belmondo, que no es que me cayera mucho mejor, pero por su profesión, la época en que trabajaron y su coincidencia en diversas -y no muy memorables películas-, era un paso obligado. Belmondo llevó a la película de Claude Chabrol, A bout de souffle y de ahí a Richard Gere, protagonista de la secuela americana de bastantes años después. En realidad ambos pintan tan poco en esta historia que la Oca que jugaba en mi mente hizo una virguería y retrocedió a la casilla en la que estaba Delon, para saltar a otra en la que apareció Luchino Visconti, el extraordinario director italiano que a veces -a tenor de lo que se menciona de él- da la impresión de que sólo dirigió "Muerte en Venecia" o "El gatopardo". Visconti, fue clave en la vida artística de determinados actores y actrices, que dieron con él lo mejor de sí mismos. ¡Consiguió sacar partido hasta de Helmut Berger!


Visconti arreglando con esmero las sábanas en una secuencia de "La caída de los dioses",
mientras una embelesada Ingrid Thulin se deja abrazar por Dirk Bogarde.

Luego, coloqué en Fb la "Music for the royal fireworks" de Haendel, en la versión de Karl Richter con la "English Chamber Orchestra", para mí la mejor con mucha diferencia y que cada vez que la escucho es capaz de propinarme una "dosis de caballo" de serenidad, seguida de entusiasmo.




Karl Richter, extraordinario organista, además de director,

es recordado por sus versiones de la música de Bach y de Haendel,
de las que era un consumado especialista

La obertura había terminado, mi inspiración también y tenía que hacer unas cuantas faenas de y para la casa, antes de que llegara Agueda del Hospital y me pillara in fraganti. Son la servidumbres de la vida de pareja: a los egoístas de tomo y lomo nos limita mucho...

domingo, 21 de julio de 2013

ESTHER WIILIAMS

ESTHER WILLIAMS, PRIMER "AMOR DE CINE"


Hace unos días falleció Esther Williams, una de las estrellas de la última "Era dorada de Hollywood", que terminaría a finales de los 40s del siglo XX, aunque la decadencia, como la de su carrera, no se concretó hasta mediados los 50s. 

Puntualizo acerca de, "última Era dorada de Hollywood": "de oro", hubo varias épocas, aunque fuera por diferentes motivos, lo que ocurre es que a veces se califica a períodos concretos, como "dorados" o de esplendor, cuando en realidad distan mucho de serlo e incluso corresponden a épocas de decadencia, por más que -para algunos- no lo parezcan. Quizás porque no han conocido los verdaderos o porque los que catalogan como tales, simplemente son mejores que los posteriores a los considerados como "dorados". Se basan, tales consideraciones, en desconocimiento de la historia del cine y una más que notable falta de criterio. 

Esther Jane Williams sufrió las consecuencias del estallido de la Segunda Guerra Mundial, que obligó a suspender los Juegos Olímpicos de 1940, en los que iba a participar con el equipo de su país, en la disciplina de natación sincronizada. Como le sucedió a Arthur Marx, hijo de Groucho, clasificado entre los diez primeros jugadores de tenis del ranking en 1940, la guerra acabó con su trayectoria deportiva al más alto nivel.

Se dedicó a exhibiciones acuáticas, ya como profesional, en espectáculos con John Weismuller, simultaneados con su trabajo como modelo, que fue el que atrajo la atención de los cazatalentos de MGM. Weismuller, sí tuvo oportunidad de ser olímpico en 1924 y 1928 y ganar hasta cinco medallas de oro, siendo el primer nadador que bajó del minuto en los 100 metros libres. Triunfó como protagonista de la serie de películas de Tarzán. 

La primera película de Esther fue “Andy Hardy’s double life”, en 1942. Hacía de novia de Mickey Rooney. Substituía a Judy Garland, que había abandonado la serie. Al año siguiente, “A guy named Joe” y en 1944 la consagración: “Bathing beauty” (Escuela de sirenas). Hollywood vivía una época esplendorosa en el aspecto económico, de ahí que pueda ser considerada una era dorada, aunque en otros aspectos distara de serlo. A finales de la década de los 40s la crisis definitiva empezó a notarse, como consecuencia de la comercialización de la televisión, la pérdida de los circuitos de exhibición por la aplicación de la ley antimonopolio y la propia transformación de la sociedad a causa de los cambios profundos provocados por la guerra. Esther experimentó en su carrera las consecuencias de la decadencia de una manera de hacer y gestionar el Cine, que provocaría la desaparición del Sistema de Estudios, aunque el proceso durara hasta principios de la década de los 60s.

Una de las primeras fotos de estudio convertida ya en una estrella



Groucho dando lecciones de tenis a su esposa, Ruth y sus hijos Arthur y Miriam. Arthur llegó a estar entre los diez mejores tenistas en 1940, pero no fue precisamente por las enseñanzas de su padre, si no de Fred Perry, tres veces ganador del Torneo de Wimbledon y último inglés en conseguirlo hasta el 2013, que lo ha ganado Andy Murray.

John Weismuller, campeón olímpico en 1924 y 1928, recordman mundial y protagonista de Tarzán.



Esther se convirtió en mi primer amor de cine de una manera instantánea, nada más verla, en la pantalla del Cine Alondra -un cine de barrio-, cuando tenía unos siete años y ella había protagonizado ya una decena de películas más. La "fórmula" empezaba a dar síntomas de agotamiento, pero pasaría todavía media década en llegar a su fin.

Cuando eso ocurrió y como he contado en otra entrada del blog, compartía mi amor con Audrey Hepburn y Janeth Leigh y una jovencita francesa empezaba a hacerme "tilín": Brigitte Bardot.

Su primera película. Con Mickey Rooney en "Andy Hardy's double life". La pierna que aparece, tapando parcialmente las de Esther cumplen su misión: impedir que se note que ella está a un nivel más bajo y es más alta que él.



La segunda


La tercera, Escuela de sirenas, la convirtió en una estrella... a pesar de Red Skelton


Sobre Esther, el cantante Carlos Ramirez -intérprete de "Muñequita linda" en "Escuela de sirenas"- y mis propios recuerdos personales, estoy escribiendo una narración, ya en fase de revisión.

lunes, 11 de febrero de 2013

A propósito de...
 "La escandalosa señorita Pilgrim" 
de Frederica Sador Maas y otros libros muy interesantes 
de King Vidor y Sidney Kirkpatrick

Primeros años en Hollywood de Frederica Sador Maas.
Es posible que el retrato forme parte de una serie que le hizo la gran fotógrafa
Ruth Harriet Louise

"Estoy viva y coleando y, bueno, hijos de puta, 
estáis bajo tierra mientras yo he vivido hasta los 99"



Edición original publicada en USA
Edición en castellano de Seix-Barral



Solamente el prólogo ya me condujo a otro libro que había leído 25 años antes, «Un elenco de asesinos», también de Seix-Barral, varias veces releido y a su autor; Sidney Kirkpatrick; después, a otro escritor y documentalista, Kevin Brownlow y a un director de cine, King Vidor, personaje clave de la historia que cuenta Kirkpatrick en su libro, por ser el instigador de la investigación que resolvió un crimen cometido en 1922 y resuelto casi 60 años después. Las memorias del propio Vidor, «Un árbol es un árbol», publicadas en USA en 1981 y en España en 2003 por Paidós y también leídas nada más aparecer y releídas posteriormente, contribuyen a formar junto a los dos mencionados, un lote de libros interrelacionados por el tema, la época y la profesión de los protagonistas pero, sobre todo, por lo extraordinariamente amenos que son, con independencia del interés que se pueda sentir por el mundo profesional en que se han desenvuelto autores y personajes mencionados y las personas con las que han convivido, sea personal o profesionalmente.

Ernest Maas y Frederica Sador en los 50s. 
Ya se habían hartado de Hollywood.
Se casaron en 1927 y permanecieron unidos 

hasta la muerte de él en 1987.
Sidney Kirkpatrick, autor de
"Un elenco de asesinos",
basado en las investigaciones
de King Vidor 

En 1988, en el transcurso de una fiesta, Frederica Sagor conoció a Kirkpatrick, quien, al saber que ella había trabajado durante tres décadas como guionista en Hollywood, la acaparó durante toda la velada, consciente de que lo que suponían las experiencias personales de la guionista. En el transcurso de la conversación Kirkpatrick le preguntó a Sador si conocía a Kevin Brownlow, a lo cual le contestó que no, porque estaba ya muy alejada del mundo del cine. Semanas después fue el propio Brownlow quien quiso conocerla y entrevistarla. De dicha entrevista surgió la propuesta de Brownlow a Sador acerca de la conveniencia de escribir sus memorias, puesto que sabía cosas que sólo ella estaba en condiciones de explicar. La propuesta germinó instantáneamente y "La escandalosa señorita Pilgrim" se hizo realidad.


Primera edición en castellano
publicada en 1988 por Seix
-Barral. 
En «Un elenco de asesinos», Kirkpatrick explica el trabajo de investigación de King Vidor sobre las circunstacias del asesinato del también director William Desmond Taylor en 1922. En 1967 Vidor resolvió el misterio que envolvía la muerte de Taylor, 45 años después. Con su carrera en grandes dificultades se dedicó a escribir: tres obras de géneros diferentes, entre las cuales estaba "Murder of William Desmond Taylor", que, al vivir todavía algunos de los protagonistas del suceso archivó, junto con toda la documentación sobre el caso que guardaba. Años más tarde, Kirkpatrick, partiendo de ella, retomó el  caso y le dio publicidad a través de su propia obra, publicada en 1986, basada en el material de Vidor.




Primera edición en Paidós
de las memorias de King Vidor, amenas,
interesantes y una fuente inagotable de conocimientos
King Vidor en su biografía "Un árbol es un árbol", publicada por Paidós en 2003 sólo menciona el caso "William Desmond" en la parte final de ellas, cuando retirado muy a pesar suyo de la dirección, se dedica a escribir. Los tres libros, independientes entre sí, forman un conjunto muy interesante para comprender mejor lo que fue una época extraordinaria de la Historia de Hollywood. De unos años que por diversos motivos se pueden incluir en los "Años Dorados" y no los que con evidente ligereza se ha calificado como tales, cuando en realidad ya formaban parte de su época de decadencia. La época dorada de Hollywood, en sus distintos tramos, terminó con el Sistema de los Grandes Estudios, en la primera mitad de los 50s. A partir de ahí todo fue una rápida desaparición de una forma de hacer cine y sus substitución por otras, mejores en algunos aspectos y peores en otros, pero a años-luz del esplendor e inmenso atractivo del pasado. 


Kevin Brownlow, historiador y documentalista, recibió un Oscar honorífico en 2010 por su contribución a la restauración y conservación de películas. Como buen investigador y estudioso del Cine, no dejó pasar la oportunidad de ponerse en contacto con Frederica Sagor para darle oportunidad de contar algunas de sus experiencias como guionista y también para hacerle sentir la conveniencia de escribir sus memorias.



El actor Eli Wallach, Oscar honorífico, el director Francis Ford Coppola, premio Irving Thalberg
y Kevin Brownlow, Oscar honorífico, en la Ceremonia del 2010,
premiados por su contribución al Cine.

La lectura de uno de los libros no significa que sea necesaria la de los otros dos. De hecho, yo los he leído con grandes intervalos de tiempo por la sencilla razón de que se fueron escribiendo y publicando con casi esos mismos 25 años que los separan. Sin embargo, una vez están todos al alcance de un lector, gozar de los tres es un placer al que es una lástima renunciar; independientemente de que se sea o no aficionado al cine, a quienes lo hacen y a los que les rodea. Por encima del tema está la realidad de unos seres humanos extraordinarios, que nos hicieron pasar momentos de emoción y entretenimiento y que a la hora de contar sus propias experiencias fueron tan competentes y amenos como cuando trabajaron y, sobre todo, sinceros.  






domingo, 13 de enero de 2013

Miradas que delatan... 
¿ocultas intenciones?


Hace unas semanas publiqué en El color del maldito cristal un artículo con el título "Miradas que matan, electrocutan, delatan, conmueven..."
Hoy, las miradas son de cineastas, de ahí que incluya el artículo en este blog.
La interpretación del tipo de miradas es personal. Forman parte de esas asociaciones de ideas que aparecen espontáneamente cuando vemos u oímos algo que nos llama la atención. Como en tantos casos en que se ve una imágen de esas que dicen que vale más que mil palabras", es posible que otras personas las interpreten de una forma parecida. En este caso son miradas que parecen delatar... ¿ocultas intenciones? 

Antes de entrar en materia cuento algo sobre los protagonistas de las fotos, que vivieron la parte más brillante de sus carreras entre 1930 y 1960, más o menos. 
Veamos: 


 James Cagney, un actor al que el cine sonoro convirtió en una estrella. Aunque lo que más se recuerde de él sean sus papeles de ganster en producciones Warner, como The public enemy o White heat (Al rojo vivo), lo cierto es que se trataba de un actor muy versátil, capaz de actuar con la misma soltura en una comedia que en un drama o  un musical. Precísamente ganó el Oscar al mejor actor por Yankee doodle dandy, versión idealizada de la vida del compositor George M. Cohan. Se retiró en 1961, después de protagonizar la sátira de Billy Wilder, Un, dos, tres y reapareció en 1981 en una breve pero destacada intervención en Ragtime de Milos Forman.


Lucille Ball, actríz que también empezó su carrera en el Sonoro, en películas de serie B. A lo largo de la década de los 30s sucedería a Fay Wray (la protagonista del primer King Kong y excelente tenista) como "Reina" de la serie B. Su consagración vendría a través de las series de televisión producidas por su propia compañia, Desilu, que fundó con su marido, el músico y actor cubano Desi Arnaz. Fue la primera mujer que dirigió una productora y lo hizo con excelentes resultado artísticos y económicos, hasta el punto de que en 1960, al separarse de su marido tomó el control de la productora, con la que ganaría numerosos premios Emmy.
Esta es la foto que los relaciona:


Hollywood: Junio de 1933James Cagney y Lucille Ball tomando una taza de café.
Cagney ya es una estrella y Ball una joven actríz que comienza una prometedora carrera y lejos todavía de los maquillajes de años después, que le hacían parecer un comanche en pie de guerra.
La mirada de Cagney es como la de la serpiente que se dispone a comerse el pajarillo,
aunque Ball no tenga precísamente aspecto de ave indefensa.











Los otros dos protagonistas:




Carlos Ramirez, cantante colombiano que intervino en la década de los 40s en diversas producciones, la más conocida de las cuales es Escuela de Sirenas (Bathing beauty) de MGM, en 1944, con Esther Williams, Red Skelton, Basil Rathbone y Xavier Cugat y su orquesta. La Esther Williams de Escuela de Sirenas fue precísamente mi primer "amor de cine", como explico en un reportaje anterior. Curiosamente, el excelente barítono colombiano también está ligado a mis recuerdos de infancia a través de la canción Te quiero, dijiste (Muñequita linda), compuesta por Maria Greever, cantante y compositora mejicana a finales de los 20s, que escuché en la voz de un cantante español (quizás, Victor Balaguer) en una de las veladas artísticas que se celebraban en la casa de verano de la poetisa Marina de Castarlenas, muy amiga de mis padres.


Jane Powell, actríz y excelente cantante, rodó su primera película en 1944, con quince años. No tuvo una carrera especialmente brillante aunque intervino en varias películas destacadas, como los musicales Royal wedding, (en donde fue la tercera opción, después de June Allyson y Judy Garland) con Fred Astaire y Siete novias para siete hermanos, con Howard Keel, dirigidas ambas por Stanley Donen. A finales de los 50s recaló en la televisión. Fue muy amiga de Elizabeth Taylor y fueron madrinas de sus respectivas primeras bodas. Ambas reincidirían en diversas ocasiones. En bodas, más que en madrinazgos...
La foto correspondiente:

Hollywood, una década después: Carlos Ramirez y una jovencísima Jane Powell
casi tan difícil de reconocer como Lucille Ball en la foto anterior. Esta mirada también es elocuente, pero menos contemplativa: Ramirez ya va a por el pajarillo...